Hasta ahora las tecnológicas se atrevían a amenazar con irse de Europa, pero se están quedando sin escapatoria

Un activista protesta en Bruselas con una careta de Mark Zuckerberg, CEO de Meta.
Un activista protesta en Bruselas con una careta de Mark Zuckerberg, CEO de Meta.

REUTERS/Francois Walschaerts

  • En el pasado, grandes compañías tecnológicas como Meta han amenazado con irse del mercado europeo. Siguen teniendo problemas con la regulación local.
  • Ahora las cosas van en su contra en EEUU. Organismos como el Departamento de Justicia o la Comisión Federal del Comercio también investigan a las plataformas.

A Margrethe Vestager, comisaria de Competencia de la Comisión Europea, la pintan como la gran pesadilla de las grandes tecnológicas. Es comprensible: desde que llegara al cargo en 2014, Bruselas ha instruido varios procedimientos contra estas multinacionales, eminentemente extranjeras, al entender que estaban incurriendo en prácticas anticompetitivas.

Tampoco es que Vestager fuese el primer mal sueño de firmas como Meta, Google, Apple, Microsoft o Amazon. Su antecesor, el español Joaquín Almunia, fue quien comenzó a instruir ciertas causas sobre Google, como recordaba en esta reciente entrevista.

Pero Bruselas no ha estado sola. La acción de particulares ha tenido mucho que ver. Por ejemplo, el activista austríaco Max Schrems, presidente de una plataforma en defensa de la privacidad llamada Noyb, logró que tumbaran por segunda vez el acuerdo para la transferencia de datos personales de la Unión Europea a Estados Unidos en 2021.

Ese acuerdo es crucial para muchas de estas grandes tecnológicas, que recopilan los datos de sus usuarios en el Viejo Continente pero los procesan al otro lado del Atlántico. Finalmente, Bruselas y Washington ya han firmado un nuevo acuerdo de transferencia de datos, con supuestas nuevas garantías de EEUU que tampoco terminaron de convencer a expertos aquí.

Margrethe Vestager, encargada de la competencia en la UE

El hecho de que durante años no existiera tal acuerdo de transferencia de datos hizo que los envíos de paquetes de datos a EEUU fueran ilegales. Fue una situación crítica que podría repetirse, dado que Schrems no ha descartado interponer una nueva denuncia. 

Fruto de todo esto, Meta llegó a advertir al regulador del mercado estadounidense, la SEC, que si el asunto no se solucionaba, la firma propietaria de Facebook, Instagram o WhatsApp se podría ver obligada a abandonar el mercado europeo.

Esta terna ya se ha resuelto, pero la compañía fundada por Mark Zuckerberg sigue recordando a sus inversores en los resultados financieros trimestrales de que su negocio se podría ver afectado por los cambios regulatorios. Pero en el último trimestre la empresa ya reconocía una cosa: no es cosa solo de Bruselas.

"Seguimos vigilando el cambiante entorno regulatorio, incluyendo las crecientes tendencias legislativas en la Unión Europea y EEUU que podrían impactar significativamente en nuestro negocio y en nuestros resultados".

Europa ya aprieta a las tecnológicas

En los últimos años, la constante ha sido la misma. La Unión Europea, consciente de que se había quedado atrás en la carrera tecnológica que protagonizan potencias como EEUU o China, adoptó otro enfoque para aproximarse al sector: regularlo, encorsetarlo para que la tecnología estuviese siempre sometida a los valores "humanistas" que promulga Bruselas.

El desafío, por otro lado, no es sencillo. Las campañas de desinformación han sido una constante desde que comenzó la era de las redes sociales y los altos cargos comunitarios temen que la actividad de origen ruso pueda provocar interferencias en el inminente proceso electoral europeo. Las elecciones en los Veintisiete se celebrarán entre los días 6 y 9 de junio.

La Comisión, el Parlamento Europeo y el Consejo han trabajado para responder a este reto en los últimos años. Uno de los primeros reglamentos en nacer fue el de protección de datos. El RGPD empezó a aplicarse en 2018 y ya ha protagonizado sanciones históricas, como la que recibió Meta el año pasado por valor de más de 1.200 millones de euros.

Luego llegó el Reglamento de Servicios Digitales, que comenzó a aplicarse en febrero, y el de Mercados Digitales, en marzo. Se espera que en dos años empiece a aplicarse el Reglamento de la Inteligencia Artificial, cuya aprobación formal definitiva ya es inminente.

La gran multa en protección de datos sobre Meta sacó a la luz una cara poco conocida del sector. Normalmente, cuando Bruselas o alguna autoridad nacional invoca alguno de estos reglamentos para iniciar una investigación o un procedimiento sancionador contra una tecnológica, esta siempre reacciona reivindicando lo mucho que está haciendo para contentar a los reguladores.

Cuando se conoció que la propietaria de Facebook o Instagram tendrían que pagar 1.200 millones de euros, el comunicado de la firma adquirió otro cariz. Uno que podría interpretarse como un chantaje: para la compañía, aquella sanción sentó un "precedente peligroso" porque internet ya se está "fracturando bajo la presión de regímenes autoritarios", adujo en referencia a Rusia.

Bruselas, con todo, asume que queda mucho por hacer: ha iniciado procedimientos de nuevo contra Meta esta vez invocando el Reglamento de Servicios Digitales, sin ir más lejos, y ya tiene en marcha procedimientos similares sobre TikTok; además, con el de Mercados Digitales investiga a Google, Apple y también de nuevo a Meta.

Hay incluso aspectos pendientes de poner en marcha en esas regulaciones, como por ejemplo concreciones para que los investigadores puedan acceder a las bases de datos de las tecnológicas, para lo que se requiere un acto delegado que determine cómo serán esas bases de datos, o la puesta en marcha de la interoperabilidad en plataformas como WhatsApp.

Con esto, las plataformas ya han amenazado en el pasado con irse de Europa. El ex comisario de Competencia resumía el fenómeno con calma. "Tendrán que hacer las cuentas de cuánto representa en sus resultados todo el mercado europeo". "Si se van ellos, vendrán otros. Y si los otros que vienen son europeos, pues mira, mejor".

Pero este trabajo no ha hecho más que empezar. Siempre y cuando los resultados electorales de los comicios europeos den un mandato continuista al actual colegio de comisarios, eso sí.

EEUU da varios pasos al frente

Pero la creciente presión en políticas de competencia no se da solo en Europa. En EEUU, sin ir más lejos, se están sucediendo demandas de varios estados contra las grandes multinacionales que cuestionan el omnímodo poder de estas compañías y cómo su modelo de negocio desvirtúa la libre competencia.

En 2020 el Departamento de Justicia de EEUU interpuso una demanda histórica contra Google. Alegaba que los acuerdos del gigante del buscador que le convertían en el proveedor de motores de búsqueda por defecto en fabricantes de dispositivos como Apple bloqueaban la competencia sana de otros buscadores.

El juicio terminó a principios de mayo en Washington. No ha sido público, pero han transcendido datos: por ejemplo, 18.000 millones de dólares, la cantidad que según The New York Times Google pagó a Apple en 2021 para que su buscador fuese el determinado en los iPhone.

Aunque es una incógnita de qué lado de la balanza se inclinará el veredicto, lo cierto es que el tema de los motores de búsqueda por defecto es algo que ya aborda en Europa el Reglamento de Mercados Digitales. Y que EEUU haya iniciado este procedimiento histórico contra la firma ya es indiciario de que algo está cambiando al otro lado del Atlántico.

En octubre del año pasado llegó el turno de Meta. No es la primera vez que varios estados del país señalan a la compañía de Zuckerberg, pero esta acusación es especialmente sensible: se alega que la firma conocía que en sus plataformas hay millones de usuarios menores de 13 años de edad, lo que incumpliría sus propias políticas, términos y condiciones del servicio.

La Comisión Federal del Comercio (FTC, en sus siglas en inglés), también por las mismas fechas del año pasado, presentó otra denuncia histórica contra el titán del comercio electrónico, Amazon. Acusa a la firma fundada por Jeff Bezos y ahora dirigida por Andy Jassy de castigar a los vendedores que ofrecen sus productos más baratos en otros sitios.

Lo de histórica no es licencia: así la ha catalogado algunos de los exmiembros de la propia FTC.

Para entender por qué este impulso en políticas de competencia se está produciendo en EEUU, hay que recordar que la Administración Biden nombró a Lina Khan presidenta de la FTC. Khan es una académica legal estadounidense que ya en 2017, cuando era estudiante en la Facultad de Derecho de Yale, publicó La paradoja antimonopolio de Amazon.

No, en serio: ¿dónde están los compradores de TikTok?

Aquel artículo provocó un retumbar en todo el mercado estadounidense: el análisis de la ahora presidenta de la FTC, a la que han acusado de "radical" también por cursar esta demanda contra la compañía de e-commerce, concluía que la ley antimonopolio estadounidense no podía abordar adecuadamente fenómenos como el de Amazon en el mercado contemporáneo.

La última llegó hace un par de meses. De nuevo, el Departamento de Justicia iniciaba otra causa histórica contra Apple, a la que acusa de monopolio en el mercado de los móviles. La firma de Cupertino llegó a perder 113.000 millones de capitalización bursátil en un solo día.

El recorrido de denuncias tanto de estados como de la FTC es más prolífico contra las grandes tecnológicos desde hace unos años. Aunque es evidente que la Unión Europea todavía sigue un paso por delante —el Reglamento de Mercados Digitales nació precisamente para acelerar su política de competencia—, parece que EEUU quiere ponerse al día.

Aunque igual que con Europa en las elecciones de junio, el futuro de la industria tecnológica también dependerá del resultado de las urnas. En concreto, del recuento de las elecciones presidenciales estadounidenses que enfrentarán a Joe Biden y a Donald Trump en noviembre.

Mientras tanto, China también es consciente de lo que hay en juego en el Viejo Continente y por eso su presidente Xi Jingpin inició una gira por Europa la semana pasada, apenas horas antes de que se conociera la denuncia que ByteDance, propietaria de TikTok, estaba cursando contra EEUU para evitar la desinversión o prohibición de su popular red social en la potencia americana.

Con estos mimbres, lo único que hay claro es que, al menos por ahora, las tecnológicas no tienen escapatoria.

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