Emprender está de moda: por qué empleados de grandes multinacionales apuestan por trabajar en startups o crear sus propias compañías

Jaime Medina (i), Elena Nieberding (c) y Manuel Marín (d).
Jaime Medina (i), Elena Nieberding (c) y Manuel Marín (d).

Business Insider España

  • El 78% de los emprendedores en España tienen formación de máster o superior: emprender se ha convertido en una salida profesional para MBAs y empleados de grandes empresas.
  • 3 profesionales que pasaron por grandes multinacionales tecnológicas y de la consultoría comparten con Business Insider España cómo dieron el salto a trabajar en startups y lanzar sus propias compañías.
  • Motivación, agilidad en la toma de decisiones o mayor libertad de horarios son algunos de sus argumentos. Aseguran que la menor remuneración en las empresas emergentes ya es "un mito".
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El emprendimiento está saliendo del garaje. Si hasta hace no mucho la percepción de quien montaba una startup era de geek tecnológico o de aventurero arriesgado con poco de perder, el perfil está cambiando. Cada vez más graduados de importantes escuelas de negocios, ejecutivos de consultoras o de grandes compañías apuestan por volar solos o sumarse a proyectos en desarrollo.

Más del 55% de los emprendedores actuales en España trabajaban antes en una empresa y el 78% cuenta con formación de máster, principalmente de carreras técnicas o relacionadas con las áreas STEM (acrónimo en inglés de Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), según el Mapa del Emprendimiento 2021 del South Summit.

¿Se han convertido las startups en una salida profesional deseable para perfiles con formación superior? "Claramente sí", responde Javier Torremocha, confundador y socio director del fondo de inversión Kibo Ventures. 

"Estuve en Boston este fin de semana en un evento del MIT (el Instituto Tecnológico de Massachussets) con estudiantes y un altísimo porcentaje de ellos estaban pensando en montar su startup, no en trabajar en un banco, consultora o corporate. Es enriquecedor y sorprendente la cantidad de MBAs que están pensando en montar su propia compañía", relató Torremocha durante su participación en el XXII Smart Business Meeting organizado por Business Insider España.

¿Están las startups posicionándose como una alternativa en la carrera profesional de este tipo de profesionales?  Con la misma contundencia que Torremocha responde Pedro Torrecillas, fundador y presidente de Circular, una compañía especializada en reclutar perfiles profesionales para este tipo de empresas que acaba de levantar unos 6,8 millones de euros en una ronda de Serie A.

"Definitivamente sí. Creo que hay una conjunción de cosas. Si miras al mundo anglosajón, antes todos los MBAs de las mejores escuelas de negocios del mundo lo que hacían era ir a trabajar a la banca de inversión o grandes consultoras, luego pasaron a ir a las grandes tecnológicas, y eso ha permeado a las startups", asegura a Business Insider España.

Antonio Giménez de Córdoba, socio de Seaya Ventures (izquierda); Yovanna Blanco, directora de 'Business Insider España'; y Javier Torremocha (derecha), socio de Kibo Ventures.

"Se han visto las ventajas en términos financieros, si todo sale bien ofrecen la posibilidad de llevarte stock options y tener un rendimiento financiero a medio plazo. Y luego está el tema de la flexibilidad laboral, los beneficios... No todo el mundo está dispuesto a trabajar hasta las 22.00 en el piso 40 de una oficina, sino que quieren más conciliación, organizarse un poquito más. Y, por otro lado, trabajar en startups tiene una curva de aprendizaje muy buena, incluso para los primeros años profesionales", añade.

Business Insider España se ha puesto en contacto con 3 exempleados de grandes multinacionales que han transitado el camino de la gran empresa a la startup, bien de forma directa creando su propia compañía o pasando por una startup de otro fundador como paso previo. Estas son sus experiencias.

De la consultoría a una startup superando mitos

Jaime Medina, con parte del equipo de su startup, The Startup CFO.

Jaime Medina decidió dejar la consultora estratégica McKinsey, una de las más reputadas del mundo, para entrar en la startup de logística OnTruck. En su caso fue la cofundadora y entonces directora financiera de la compañía, Rika Christanto, la que le hizo decidirse. "Ella era exMcKinsey también y que ella estuviera y el fundador fuera Íñigo Juantegui, que ya tenía éxito previo con La Nevera Roja, fue lo que me animó a hacer el proceso y decir que sí", explica.

Corría el año 2017 y, pese a no estar en el gran momento de financiación que viven actualmente las startups españolas, Medina reconoce que ya podían ofrecer condiciones competitivas. 

"Cuando yo me fui de la consultoría a las startups, todo el mundo asumía que había sacrificado sueldo, pero en realidad pasé a ganar un 50% más. Es un mito que las startups pagan poco", asegura Medina, que en ese momento tenía un puesto junior en consultoría. 

Lo que se encontró en Ontruck fueron "muchas menos horas de trabajo, pero mucho más intensas" y un cambio en la motivación. "Si la cultura es buena, pasas a considerar el proyecto como tuyo", asegura. También subraya como otra ventaja la capacidad de ver rápidamente el impacto de una decisión. "En consultoría ver moverse algo por tu trabajo no es fácil, en una startup tú decides algo y al día siguiente está en marcha. Pero es intensísimo", admite.

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Sesión del South Summit en la que se presentó el informe Dealroom

Posteriormente, y tras pasar por otra startup (Geoblink), Medina se decidió a lanzar su propio proyecto, The Startup CFO, una compañía dedicada a prestar servicios externos de dirección financiera a otras startups. "Eso sí que multiplica por 10 la intensidad, porque literalmente es tu proyecto. La parte buena es que uno no rinde cuentas y puedes hacer lo que quieres. La mala es que no te quitas la empresa de la cabeza ni un solo minuto de tu vida, ni en vacaciones", reconoce.

Ahora cada vez encuentra más gente dando el mismo salto que él. "Clarísimamente veo crecer esa tendencia. Cuando yo me fui de McKinsey era rarísimo que alguien no fuera a un corporate grande o a una multinacional. Y ahora, por lo que veo en amigos, igual la mitad de la gente se va a startups", afirma el emprendedor, que pulsa esa tendencia en el curso The Startup CFO Academy, en el que ofrece formación sobre las especificidades de las finanzas en startups, donde se encuentra con muchos extrabajadores de grandes consultoras o de la banca tradicional.

De un puesto directivo a levantar una startup

Manuel Marín, CEO de Livall.

Si pasar de una gran compañía a una startup es un salto palpable, hacerlo partiendo de un puesto ejecutivo es un reto añadido. "A mí me sirvió para entender que las variables de crecimiento de una empresa han cambiado: los corporate miran ventas o ebitda y las startups miran posicionamiento, marketing, activos y hacer una gestión de rondas excelente", explica a Business Insider España Manuel Marín, que pasó de directivo en Telefónica a trabajar en la startup de cargadores para coches eléctricos Wallbox, que hoy cotiza en la Bolsa de Nueva York pero que cuando llegó solo tenía 3 empleados. "Para mí fue un aprendizaje enorme", recuerda.

Desde su punto de vista, no cualquier ejecutivo vale para cambiar una gran compañía por una pequeña empresa emergente. "Hay directivos que es mejor que se queden en sus compañías, en una startup no aguantarían dos días. Tienen que tener una capacidad de aprendizaje rápida, ingenio, sacrificio... Están acostumbrado a un horario cómodo, con una responsabilidad muy compartida y aquí tienes que hacer una actividad muy transversal", asegura.

Entre esas diferencias, Marín indica 3 fundamentales: gestionar con menos dinero —"tienes que acertar en cualquier cosa en la que inviertas", subraya—; gestionar un equipo más inexperto y limitado, por lo que una buena selección es "imprescindible"; y comprender un nuevo modelo en el que pensar con "tesorería cero" y un "crecimiento continuo".

Después de pasar por Wallbox, Marín puso en marcha Livall, una compañía especializada en la creación de cascos para pasajeros de bicicleta y otros medios de movilidad urbana con características inteligentes. Pero considera que su paso como ejecutivo en otra startup antes de emprender su propio proyecto fue fundamental para comprender mejor el ecosistema.

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3 personas dialogan.

"Dar el salto directo al emprendimiento en mi opinión no es recomendable, sino que creo que es bueno empezar como consejero o con una posición directiva en una startup porque se necesita esa parte de aprendizaje. Hay que ir con mucha humildad, no con el punto de pensar he sido un alto directivo, he gestionado 2.000 personas y 1.000 millones de presupuesto. Eso era antes, ahora eres uno más y tienes que apoyar el proyecto", señala.

El exejecutivo de Telefónica también detecta una tendencia de crecimiento en el interés de empleados de grandes empresas por trabajar con startups.

"El ámbito corporate es una máquina de destrucción de talento, la gente que es inquieta y tiene talento está viendo que fuera no hace tanto frío. Fuera hay startups en las que se pueden divertir más, pueden ganar más y que dan una visión más transversal", asegura.

Cerrar una etapa y crear algo nuevo

Mira Essential, el primer producto de la startup de Elena Nieberding.

Otra motivación para quien pone en marcha una startup dejando el entorno de las grandes compañías es lanzar un proyecto que cuadre más con sus intereses profesionales, como fue el caso de Elena Nieberding, que después de pasar por la consultora PwC y por el gigante del comercio eletrónico Amazon decidió lanzar su propio proyecto: Mira, una compañía de complementos vitamínicos para mujeres con criterios de respeto medioambiental.

"Tenía la sensación de haber cerrado un ciclo y la necesidad de crear algo nuevo para ofrecerlo, en mi caso a las mujeres, y además se dieron las condiciones familiares para hacerlo", explica a Business Insider España.

Nieberding comparte con anteriores entrevistados la sensación de que el mayor cambio es la velocidad en la toma de decisiones que ofrece una startup. "También te tienes que hacer una visión más global de todo dado que haces de todo; hay que tener muchas ganas de arremangarse y puedes aprender mucho más", subraya. 

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Inversoras españolas

También reconoce los puntos negativos de emprender, como que se desdibuja la frontera entre lo laboral y lo personal. "Eres tu propio jefe, eres más dueño de tu tiempo, pero es mucho más difícil distinguir qué es laboral y qué no", admite.

Para esta emprendedora, poner en marcha un proyecto propio es algo cada vez más normalizado, al menos en su entorno. "Hace unos años dejar una gran compañía sonaba como a locura. Creo que hoy hay una mayor inquietud por probar, lanzarse, no sé si es generacional o no, pero está muy bien. La vida se pasa dejando de hacer las cosas por miedo", reflexiona.

Vencer el miedo, el mayor reto

El mayor obstáculo a dar el paso tiene ese nombre: miedo.

Aunque el 50% de los españoles entre 18 y 64 considera que tiene las capacidades para poner en marcha un negocio, según la última oleada de 2021 del Global Entrepeneurship Monitor, la mitad de los que encuentran buenas oportunidades aseguran que no iniciarán un proyecto por miedo al fracaso

Para Pedro Torrecilla, de Circular, la clave para vencer ese miedo al fracaso es dar a conocer más el sector. "Habría que ver si es miedo o falta de contexto. Conforme el ecosistema crece, entra más dinero, conoces más gente que ha trabajado en startups, que para mí es lo más importante. Si ves que alguien ha montado algo, es más fácil que lo hagas tú. Conforme crezca el contexto, será más fácil", reflexiona.

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Felipe Navío (i) y Juan Urdiales (d), cofundadores de Jobandtalent

Por su parte, el fundador de Livall, Manuel Marín, considera que un elemento clave para esos reparos a entender es el entorno. "España no tiene un ecosistema que te ayude a emprender: dar de alta una compañía es lento, tedioso y tienes que poner 3.000 euros. El arranque mata las ganas del 90% de los emprendedores. En Estados Unidos se abre una empresa en 2 segundos", compara.

Parece que se están dando pasos para corregirlo: el proyecto de Ley Crea y Crece presentado en noviembre por el Gobierno reduce de 3.000 euros a uno el importe mínimo para crear una empresa y a 10 días el periodo de creación, aunque tiene que superar el trámite parlamentario. Y el anteproyecto de ley de startups ofrece exenciones y beneficios a compañías innovadoras, pero todavía no ha sido llevado al Congreso. ¿Serán estas reformas un argumento de peso para vencer este miedo y promover que el emprendimiento esté más de moda?

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