La OCDE augura el final de la crisis de precios en España: "Que la inflación subyacente haya dejado de aumentar es tranquilizador, ahora tiene que bajar"

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  • "Los datos de encuestas a las empresas, el empleo, y los datos de la inflación confirman la mejora de las perspectivas económicas de España", explica Aida Caldera, jefa de división en el departamento de Economía de la OCDE.
  • La inflación lleva unos meses dando tregua al bolsillo. Pero, por primera vez en un año, ahora también se observa una moderación de la inflación subyacente.

Después de más de 2 años con la inflación por encima del 2%, agujereando el bolsillo de hogares y empresas, la crisis de precios está dando tregua, y la economía española empieza a ver luz al final del túnel.

"El hecho de que la inflación subyacente haya dejado de aumentar durante varios meses es tranquilizador. Ahora tiene que bajar", augura Aida Caldera, jefa de división en el departamento de Economía de la OCDE, en una entrevista con Business Insider España.

En su última actualización de previsiones, la OCDE pronostica que economía española crecerá un 2,1% en 2023 y un 1,9% en 2024, por encima de lo esperado. "Diversos indicadores, incluidos los datos de encuestas a las empresas, el empleo, y los datos de la inflación, han confirmado la mejora de las perspectivas económicas observada en los últimos meses" apunta Caldera.

Ya en mayo la inflación bajó a su menor nivel desde julio de 2021. La cesta de la compra se encareció un 3,2%, según los últimos datos del Índice de Precios al Consumo (IPC), una bajada de 9 décimas respecto a abril, cuando los precios subieron un 4,1%. 

La tasa general ha dado un respiro gracias al abaratamiento de los carburantes y, en menor medida, al freno de precios en los alimentos, que llevaban meses en máximos históricos. Pero ahora, por primera vez en muchos meses, también se observa en una moderación de la inflación subyacente, que en mayo subió un 6,1%, 5 décimas por debajo del 6,6% que marcó en abril. 

La inflación subyacente mide cuánto se han encarecido de media los productos sin tener en cuenta la energía y los alimentos no elaborados. Es como sacar estos 2 elementos de la cesta de la compra para calcular cuánto más nos cuesta consumir cada mes.

La razón por la que se excluyen energía y alimentos no elaborados del cálculo es porque, en comparación con otros bienes y servicios, son enormemente volátiles. Su precio sube y baja constantemente influido por factores tan cambiantes como el propio clima (si hay heladas, mucho viento o sequías, por ejemplo).

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Que la inflación subyacente aumente significa que la tormenta de costes energéticos y de materiales que sufrían las empresas se ha estado trasladando a precios finales de los productos que fabricaban. En otras palabras; hay riesgo de que la crisis de precios se incruste en la economía. De la misma forma, que la tasa subyacente baje indica que el riesgo de caer en una espiral de precios empieza a disiparse. 

Ahora, en cambio, "una menor inflación y un mercado laboral resistente apoyarán el consumo de los hogares, mientras que el fortalecimiento de la demanda exterior apoyará el crecimiento de las exportaciones", explica el organismo.

Precisamente por eso, Caldera considera que es un buen momento para iniciar la retirada de las ayudas desplegadas para aliviar el impacto de la crisis de precios. "Ahora que la inflación ha comenzado a bajar y que la recuperación está en marcha, se deben retirar gradualmente las medidas de apoyo para proteger a los hogares y las empresas de las consecuencias de la guerra en Ucrania", explica.

Concretamente, la OCDE pronostica que la inflación bajará al 3,8% en 2024 "gracias a la bajada de los precios de la energía y al endurecimiento de la política monetaria". En 2023, sin embargo, los precios continuarán agujereando el bolsillo de los hogares: la inflación continuará disparada al 6% en 2023, antes de moderarse el año que viene.

En los últimos meses, el Gobierno ha desembolsado 45.000 millones de euros de fondos públicos en medidas para aliviar el impacto de la inflación, entre rebajas fiscales, bonificaciones al transporte, ayudas directas y topes de precio de la electricidad y límites a los alquileres.

"La OCDE siempre ha insistido en que tales medidas deben estar dirigidas a los más pobres y deben mantener un incentivo para reducir el consumo de combustibles fósiles. Esto debe tenerse en cuenta al diseñar el camino hacia la eliminación de las medidas de apoyo", añade Caldera. 

Ese paquete de medidas ha contribuido a la relajación de precios en los últimos meses, al contrarrestar la pérdida de poder adquisitivo de los hogares, pero también para todo lo contrario. Los límites de precio o bonificaciones generalizadas también estimulan el consumo, lo que a su vez aumenta la inflación. Por eso, desde la OCDE recomiendan centrar el foco en colectivos y medidas más específicas.

Para los próximos meses, la previsión es que la subida de precios continúe frenándose, aunque sólo sea por el efecto escalón, un fenómeno estadístico que se da al comparar los datos actuales con registros ya elevados del año pasado. 

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