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Primer aniversario de la foto de Colón: así ha cambiado la situación de Abascal, Casado y Rivera durante el último año

Foto de familia de Abascal, Casado y Rivera en la plaza de Colón.
Foto de familia de Abascal, Casado y Rivera en la plaza de Colón.

Europa Press

  • La conocida como foto de Colón hace referencia al retrato de Santiago Abascal, Pablo Casado y Albert Rivera juntos por primera vez en una manifestación en Madrid.
  • La imagen, captada hace justo un año, fue uno de los símbolos de la campaña del 28 de abril que marcaron el devenir electoral.
  • Ninguno de los tres protagonistas se encuentra a día de hoy en la misma situación que entonces. Business Insider te cuenta cómo han vivido este año tan políticamente agitado.
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La historia da muchas vueltas. Lentas, si se miran con la lupa de la actualidad, pero enormes, si se observan con el catalejo de la política.

Hace un año, el 10 de febrero de 2019, se realizó la conocida como "foto de Colón", una imagen que presentaba a los líderes del bloque de la derecha parlamentaria formando monolíticamente sobre el escenario: Santiago Abascal (Vox), entonces sin representación pero con visos a tenerla; Pablo Casado (PP); y Albert Rivera (Ciudadanos). 

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Los tres hicieron acoplo de músculo para reunir a simpatizantes en una manifestación en la plaza de Colón (Madrid) y anticipar así el bloque frentista para plantarle cara a Unidas Podemos y PSOE en unas inminentes elecciones generales, materializadas finalmente el 28 de abril.

La foto de familia recorrió España por ser el primer documento que recogía juntos a los tres líderes, y no porque algunos no intentasen evitarlo rodeándose de afines y primeras espadas. Así ha cambiado la situación de sus protagonistas este año.

Santiago Abascal

Santiago Abascal VOX
Santiago Abascal durante un mitin de vox.

REUTERS/Albert Gea

El presidente de Vox saltó a la fama debido a la irrupción de su partido en el Parlamento de Andalucía el 2 de diciembre de 2018, pero ni él ni la formación de extrema derecha tenían todavía escaños en el Congreso de los Diputados. En el momento de la foto de Colón se daba por hecho que entraría, pero no todo lo que sucedió después.

Por entonces, de Abascal se sabía que había sido concejal y diputado del PP en Euskadi, que había disentido con la línea oficial del partido y que Esperanza Aguirre lo había rescatado para su feudo en la Comunidad de Madrid.

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Allí dirigiría varios organismos de libre designación (de la presidenta Aguirre): la Agencia de Protección de Datos y la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social, esta última extinguida sin haber declarado ninguna actividad. También presidió la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES), fundada por él mismo.

Abascal abandonó el PP y crearía Vox en 2013, confesando que organizaciones como las que había dirigido no eran más que "chiringuitos" del Partido Popular "innecesarios" para la vida pública. No conseguiría representación regional hasta diciembre de 2018 (en Andalucía) y, en el momento de la foto, todavía no había irrumpido en el Congreso de los Diputados.

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No lo haría hasta 4 meses después de la manifestación de Colón, en abril de 2019, momento en el que entró en el Parlamento como cuarta fuerza política y 24 escaños, menos de lo esperado. Medio año más tarde, tras la repetición electoral y el descalabro de Ciudadanos, reafirmó su posición y conquistó el podio del Congreso con 52 diputados que mantiene en la actualidad.

Desde que se tomó la "foto de Colón" Abascal ha vivido sus días de vino y rosas. Ha pasado del ninguneo parlamentario a liderar una fuerza política con amplia representación y una vicepresidencia de la Mesa del Congreso, además de acaparar un perfil de votante concreto del que no disponía hace un año.

Si algo ha conseguido es no dejar indiferente a nadie: el último CIS le sitúa como el parlamentario más defendido por los suyos, pero también como el más odiado por los demás sin importar el símbolo político.

Pablo Casado, líder del PP
Pablo Casado, líder del PP. REUTERS/Sergio Perez

Siguiendo de la línea de la foto aparece Pablo Casado. Resguardado entre Cristiano Brown (UPyD) y Carmen Moriyón (Foro Asturias), el líder del PP se sitúa en el medio de Abascal y Rivera como una metáfora de lo que ocurriría posteriormente. Porque el último año de Casado no se entiende si no es en comparación con sus homólogos de Ciudadanos y Vox.

Pero antes hay que remontarse al contexto. Pablo Casado se había hecho un nombre en el PP en la época de Mariano Rajoy, del que fue vicesecretario de comunicación (2015) y diputado nacional (desde 2011) siempre al amparo de su madrina, Esperanza Aguirre, y su padrino, José María Aznar. Al cobijo del PP madrileño coincidió con Abascal en época de la lideresa.

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Pero su presencia mediática se incrementó a partir de las elecciones de 2015, momento en el que comenzó a representar al PP en los debates televisivos e incluso en sus propios escándalos (fruto de una pieza separada del caso Cifuentes relativa a su propio máster en la Universidad Rey Juan Carlos), que no se llegó a investigar.

El ascenso de Casado no terminó ahí. En el momento de la foto de Colón Casado llevaba poco más de medio año al frente del PP tras ganar las primarias de 2018. Los 'populares' eran la primera fuerza del país con 137 escaños, cifra que se reduciría considerablemente al año siguiente.

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Entonces, como se ha mencionado anteriormente, Casado tuvo que jugar a dos bandas entre Rivera y Abascal, ambos con altas expectativas. Las formaciones verde y naranja se encontraban en pleno ascenso y, como ocurre en todos los juegos de suma cero, esto sólo podía significar la caída de un PP incapaz de generar la revulsión social de Vox y de seguirle el ritmo a la "regeneración" de Ciudadanos.

El resultado inmediato fue un golpe para Génova: de 137 escaños se pasó a 66, la peor marca del partido desde antes incluso de la refundación de Alianza Popular.

Los muebles simbólicos se salvaron por seguir siendo uno de los dos grandes partidos de España, pero la diferencia con el PSOE (120 diputados) provocó una crisis interna y la amenaza de Ciudadanos, a sólo 6 escaños y 200.000 votos, era real para perder la hegemonía del bloque de la derecha.

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El tiempo —y la repetición electoral— le vino bien a Casado, que sentó distancias con Albert Rivera a partir de la repetición electoral de noviembre. Aumentó su marca hasta los 89 a la par que Ciudadanos sufría un batacazo histórico (de 57 a 10), pero eso le obligó a cambiar su discurso.

El resultado es un síntoma del giro político del PP, que abrazó los cánones de moderación y dejó de pelear el espacio político de su derecha, vendiéndoselo  a Vox (que creció de los 24 a los 52). Lo comido por lo servido.

Albert Rivera

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera. REUTERS

Si este artículo se hubiese hecho medio año después de la foto, el perfil de Albert Rivera sería completamente distinto. Un año antes del encuentro el político naranja era líder en las encuestas debido a la crisis catalana, pero terminó por perder fuelle hasta diseminarse por completo en el bloque

Pero en febrero de 2019 Rivera vivía su propia remontada. Volvía a disputarle al PP la hegemonía de la derecha tras haber protagonizado una estrategia electoral agresiva, muy crítica con el Gobierno de Sánchez, para posicionarse como única alternativa posible a la inminente coalición de izquierdas.

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En un primer momento funcionó. El giro a la derecha se vio recompensado en abril con 57 escaños, casi el doble de los que tenía anteriormente, y una representación de privilegio al lado del PP. En esta cresta de la ola, dicen los analistas, es cuando todo empezó a fallar.

Lejos de amilanar su discurso, Ciudadanos intentó ir más allá y disputar el primer puesto dentro de su electorado, lo que le hizo caer en la incoherencia. Su actitud, más conservadora y agresiva con los partidos de izquierda, así como centrar gran parte de su campaña en Cataluña y la unidad de España, consiguieron que el discurso naranja se viese indistinguible del de PP y Vox a ojos del electorado.

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Pero no eran sólo palabras. En aras de mantener la coherencia de discurso, Rivera vetó el Gobierno del PSOE y perdió la confianza de los centristas, desencantados desde una foto de Colón que no hacía sino reafirmar lo que para la izquierda era un argumento de campaña: que no había diferencias entre él y Abascal. La foto era la excusa perfecta para justificar el ya famoso término Trifachito.

Este contexto, sumado a la mala gestión del Día del Orgullo LGTB y a una campaña digital cuestionable, sucumbió en lo inevitable: Ciudadanos cayó en picado hasta los 10 diputados, al límite de acabar en el Grupo Mixto; Albert Rivera dimitió y abandonó la política.

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