China va a empezar a vacunar a miles de profesores y empleados de supermercados contra el coronavirus pese a que ninguna vacuna ha superado la última fase de pruebas

Administración de la vacuna contra el coronavirus
Reuters
  • Todavía faltan unos meses para que los países occidentales empiecen a suministrar la vacuna contra el coronavirus a su población.
  • Sin embargo, en China esta solución se lleva administrando ya desde hace meses en la fase de final del ensayo, probando primero en los trabajadores de las empresas estatales, en los funcionarios y en el propio personal que desarrolla la vacuna.
  • El propio Gobierno del país asiático afirmó hace unas semanas haber vacunado a "cientos de miles de personas" y que ninguna de ellas mostró efectos adversos de gravedad.
  • Aunque los resultados de la vacuna china sean prometedores, esta estrategia puede poner en riesgo a su población, ya que no se están siguiendo los protocolos sanitarios establecidos.
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Quedan meses para que en Europa o Estados Unidos se pueda empezar a vacunar a la población, y el horizonte es todavía más lejano cuando se piensa en una vacunación generalizada que pueda dejar la pandemia en un mal recuerdo.

Según las informaciones que maneja el Ministerio de Sanidad, la vacuna de AstraZeneca y la Universidad de Oxford llegará a España en diciembre, y si todo sale bien se podrá vacunar a 3 millones de personas de grupos de riesgo los últimos días de 2020 o los primeros de 2021.

Otros países parece que se han adelantado y van mucho más rápido. Es el caso de China, que ya ha anunciado que su vacuna estará disponible para comercialización en noviembre, por lo que podrían encontrarse realmente cerca de una vacunación masiva.

En realidad China lleva vacunando a gran parte de su población desde hace ya tiempo, al menos desde el pasado mes de mayo, cuando arrojaron los resultados de un estudio que confirmaba la eficacia de su vacuna. Sin ir más lejos, a comienzos del mes de septiembre las autoridades del gigante asiático reconocieron haber vacunado "a cientos de miles de personas" con al menos 2 vacunas diferentes.

Los primeros en recibir este remedio fueron los trabajadores de empresas estatales, después se hizo lo propio con algunos funcionarios del Gobierno, posteriormente llegó el turno de los propios desarrolladores de la vacuna, y ahora se va a extender a otros trabajadores que se consideran esenciales, como profesores, empleados de supermercado o empresarios que viajan a zonas de riesgo, según detalla The New York Times.

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Si bien los resultados preliminares señalan que las vacunas chinas son seguras y que generan una inmunidad robusta, lo cierto es que administrarlas a gran parte de la población sin haber superado todas las fases y protocolos conlleva unos riesgos cuyo alcance está todavía por determinar, explica la misma publicación del diario norteamericano.

Esto se debe principalmente a 2 motivos: los efectos secundarios a largo plazo se desconocen y podrían aflorar en los próximos meses, y también puede ocurrir que la vacuna no sea tan eficaz como parece y generar una falsa sensación de seguridad, provocando una oleada de nuevos contagios.

Para alcanzar una idea de los estrictos que suelen ser los protocolos en estas investigaciones basta con repasar el desarrollo de la vacuna de la Universidad de Oxford y AstraZeneca, que hace unas semanas tuvo que detener temporalmente las pruebas para estudiar el caso de una enfermedad rara que acababa de sufrir uno de los voluntarios.

Finalmente, el ensayo siguió su curso algunos días después, tras comprobar que la enfermedad no estaba causada por la vacuna. No queda claro que China esté siguiendo un método tan severo durante su investigación.

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Los fabricantes de vacunas y las autoridades sanitarias chinas siempre han afirmado que la participación en los ensayos es voluntaria, sin embargo, The New York Times señala la posibilidad de que todas estas personas no hayan sido debidamente informadas de los posibles efectos adversos.

Son muchos los expertos que consideran que intentar avanzar demasiado rápido en la carrera por las vacunas podría ser perjudicial, ya que daría lugar a remedios poco eficaces. La propia OMS ya ha advertido que las vacunas aprobadas deben tener entre un 30% y un 50% de efectividad, y que aún así habría que seguir adoptando otras medidas de seguridad para acabar con la pandemia.

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