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El distanciamiento social ocasional podría extenderse hasta 2022 para evitar que los hospitales se desborden, según investigadores de Harvard

Empleados de empresas de reparto de alimentos en Bangkok, Tailandia, esperan nuevos pedidos sentados con la debida distancia social por el brote de COVID-19, el 24 de marzo de 2020.
Empleados de empresas de reparto de alimentos en Bangkok, Tailandia, esperan nuevos pedidos sentados con la debida distancia social por el brote de COVID-19, el 24 de marzo de 2020. Chalinee Thirasupa/Reuters

Chalinee Thirasupa/Reuters

Mientras el número de contagiados con COVID-19 asciende en el mundo a más de 2 millones de personas, y los países imponen bloqueos nacionales o empiezan a levantar las restricciones, epidemiólogos de Harvard estiman que el distanciamiento social se podría extender hasta 2022 —al menos, ocasionalmente.

En un análisis publicado este martes en la revista Science, los investigadores estimaron con un modelo predictivo el futuro del virus que provoca COVID-19, basándose en el comportamiento de 2 coronavirus anteriores.

Con ello, los epidemiólogos han concluido que, después de esta primera ola, el coronavirus volverá en "brotes invernales recurrentes", es decir, que podría convertirse en una enfermedad estacional. Pero, aunque se estimen menos severos que la primera ola, nuevos brotes de SARS-CoV-2 podrían volver a abrumar a los hospitales.

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"Para evitar esto, podría ser necesario un distanciamiento social prolongado o intermitente hasta 2022", escriben los investigadores.

De hecho, en el estudio apuntan que las medidas de distanciamiento social deberían estar vigentes entre el 25% y el 75% de ese periodo, dada la actual capacidad de cuidados intensivos en Estados Unidos.

Las pruebas, los tratamientos y la ampliación de los cuidados intensivos podrían acelerar el final de COVID-19

Los residentes de South Orange, New Jersey, EEUU, hacen una fiesta de distanciamiento social al aire libre mientras permanecen a los 2 metros recomendados de distancia, durante el brote de COVID-19, el 20 de marzo de 2020.
Los residentes de South Orange, New Jersey, EEUU, hacen una fiesta de distanciamiento social al aire libre mientras permanecen a los 2 metros recomendados de distancia, durante el brote de COVID-19, el 20 de marzo de 2020. Stuart Lutz/Gado/Getty Images

Aunque el virus parezca que empieza a desaparecer, las pruebas generalizadas deberían seguir haciéndose, según los investigadores, "ya que un resurgimiento del contagio podría ser posible hasta 2024".

Dichas pruebas facilitarían a las autoridades pertinentes "programas correctamente las medidas de distanciamiento y evitar que se desborden las unidades de cuidados intensivos", agregan.

Una vez superada esta primera oleada, los países deberían centrarse en encontrar tratamientos contra COVID-19, y en ampliar las capacidades de sus unidades de cuidados intensivos, recomiendan los epidemiólogos. Y, a su vez, estarían preparándose para futuras oleadas del virus.

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"Para reducir la epidemia de SARS-CoV-2 y asegurar una atención adecuada a los enfermos graves, el aumento de la capacidad de atención crítica y el desarrollo de intervenciones adicionales son prioridades urgentes", escribieron los investigadores. "Nuevas terapias, vacunas u otras intervenciones como el rastreo intensivo de contactos y la cuarentena, podrían aliviar la necesidad de un distanciamiento social riguroso".

Además, ampliar la capacidad de las unidades de cuidados intensivos para tratar a más pacientes, también ayudaría a las poblaciones a conseguir más rápidamente la conocida protección como la "inmunidad colectiva".

Dicha inmunidad colectiva se consigue cuando una cantidad significativa de los miembros de una sociedad se vuelven inmunes y disminuyen las probabilidades de que el virus pueda propagarse a nuevas personas. Por ahora, la inmunidad de grupo es un horizonte lejano. A medida que más personas se infecten y se recuperen en futuros brotes de coronavirus, la porción inmune de la población crecerá.

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Pero la forma en la que el virus se propague en los próximos 5 años depende principalmente de cuánto tiempo dure la inmunidad de una persona recuperada. Si un individuo se vuelve vulnerable a la reinfección sólo un año después de recuperarse de la enfermedad, costará mucho más tiempo construir la inmunidad colectiva y terminar con la propagación del coronavirus.

No obstante, esta línea de tiempo aún no está clara, ni tampoco cómo funciona la inmunidad al COVID-19. Mientras tanto, los países podrían implementar más períodos de distanciamiento social, o de confinamiento, como los que existen en la mayor parte del mundo.

"Es posible que las medidas de distanciamiento social duren meses para poder controlar eficazmente la transmisión y mitigar la posibilidad de un nuevo brote", escriben los investigadores de Harvard.

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