¿Ha perdido sentido el término unicornio? Por qué se cuestiona la meta soñada de todas las startups en plena ola de caída en las valoraciones

Ilustración de Centauros vs unicornios

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  • Convertirse en unicornio, como se conoce a una empresa que supera los 1.000 millones de dólares (944 millones de euros) de valoración, ha sido en los últimos años el anhelo de muchas startups.
  • El contexto actual de corrección en las valoraciones que viven muchas compañías tecnológicas cuestiona si el término es adecuado para reflejar el éxito de una startup.
  • "El capital riesgo a veces te dice: 'Gástate todo lo que quieras que yo te lo doy, lo que quiero es que arriesgues al máximo'", revela un emprendedor español a Business Insider España.
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Durante años ha sido la palabra que definía el éxito en el ecosistema emprendedor. Convertirse en unicornio, como se denomina en el argot tecnológico a las compañías que alcanzan los 1.000 millones de dólares (944 millones de euros, al cambio actual) de valoración, era la gran meta. Un animal mítico que, se suponía, daba acceso a propiedades mágicas a la compañía que lograba asociarse a él.

El término fue acuñado en 2013 por Aileen Lee, fundadora del fondo estadounidense Cowboy Ventures, en un artículo en el que hablaba del Unicorn Club, un selecto grupo de 39 compañías estadounidenses de software valoradas en más de 1.000 millones de dólares. 

Su valor era la exclusividad: solo nacían 4 unicornios al año, en una lista que entonces lideraban Facebook (valorado entonces en más de 122.000 millones de dólares), LinkedIn, la empresa estadounidense de gestión de recursos humanos Workday y Twitter.

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Un hombre disfrazado de unicornio

La situación ahora es bien diferente. Actualmente son 1.142 compañías las que forman parte de esta lista, según CB Insights, mientras que Crunchbase pone el contador en 1.200. Ya no es tan extraño encontrar el animal mítico: solo en 2021 surgieron casi 600 nuevos unicornios en todo el mundo.

También en España: lo que era una lista muy selecta con grandes hitos del internet patrio como eDreams, compañías hispanoestadounidenses como Letgo o Flywire, o empresas bandera de la nueva ola, como Cabify, Glovo o Idealista, ha explotado en el último año. En los últimos 12 meses han alcanzado esta categoría Wallbox, Devo, Jobandtalent, Travelperk, Fever y Domestika

No solo se han vuelto más comunes, sino que en Estados Unidos la herramienta clave para acoger a una compañía en este selecto club, la valoración, se ha derrumbado. Incluso las grandes de Silicon Valley están viendo caer sus acciones en bolsa. 

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"Nos referimos a este momento como la era de las puntocom dopadas", aseguró a Business Insider el inversor Jim Chanos, fundador del fondo de inversión especializado en tecnología Kynikos Associates. Algunas aceleradoras y fondos de capital riesgo, como Y Combinator y Sequoia, ya han alertado a sus participadas de que vienen tiempos complicados.

En Europa y España, donde las valoraciones no se han disparado de la forma que lo venían haciendo en Estados Unidos pero sí se admitía cierto sobrecalentamiento de la inversión, esta situación es el foco de muchas conversaciones y la comidilla de cada consejo

Por el momento, el mensaje general es de calma: las compañías y fondos españoles están en estadios inferiores y ahí la criba aún no ha llegado. Pero la reflexión es necesaria, ¿sigue teniendo sentido tomar la valoración como el indicador del éxito de una startup? ¿Ha perdido su interés el término unicornio?

Una puerta mágica que se ha desacoplado de la realidad

En realidad, hablar del sentido del término unicornio es hablar de la métrica que esconde esa denominación: la valoración de una startup. 

"Alcanzar esa cota de unicornio parece que desbloqueaba propiedades mágicas a la hora de atraer capital, talento; la gente hacia cualquier cosa para alcanzar ese valor. Y lo que ha pasado ahora es que se ha desacoplado el valor de las compañías de sus cotizaciones. Pasa siempre cuando hay mucho dinero, pero se sabe siempre a posteriori", reflexiona Samuel Gil, socio inversor de JME Ventures.

Para él, se trata de un término que sigue siendo útil, pero como "una manera pintoresca de referirte a un hito de valoración". "Si hace unos años era algo súper raro, durante estos años de bull market (un término que se refiere a cuando los mercados crecen con fuerza) se ha hecho relativamente más común. No así en España, donde es mucho menos común", señala.

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Los fundadores de Jobandtalent, Felipe Navío (i) y Juan Urdiales (d).

Ese desajuste entre la valoración y el negocio de la compañía también lo percibe Paloma Castellano, de Wayra Madrid. "Creo que la situación actual va a volver a acoplarlos. Es cierto que el término aludía a un animal mitológico difícil de ver; cuando empieza a ser más fácil, deja de tener sentido. Pero tampoco creo que los unicornios españoles estén desacoplados, precisamente", opina.

Desde el punto de vista de un emprendedor, Pep Gómez, que fundó Fever y acaba de vender la startup de micromovilidad Reby al fondo canadiense de private equity House of Lithium, considera que "no es que pierda sentido" el término. "Pero antes era relativamente más fácil convertirse en unicornio de lo que va a ser ahora", advierte.

Alberto Tornero, socio responsable del Área de Empresas de Alto Crecimiento de la consultora PwC, considera que "falta un poco para que dejemos de ver la valoración como algo fundamental", pero considera una buena noticia que se abra ese debate. 

"Es el fruto de la maduración de un segmento. Cuando tú estableces el foco de la compañía en la valoración, no deja más de ser una estimación de si venderías la empresa, eso son números que, pese a tener una ciencia muy potente detrás, no dejan de ser proyecciones. Lo que hace la maduración es que, con independencia de la proyección, lo relevante es el resultado", señala

El ebitda vuelve a ser sexy

Una de las candidatas españolas más firmes a entrar en este club de los unicornios es la compañía de tecnología para la protección de la propiedad intelectual Red Points, que según el banco de inversión GP Bullhound está en la lista de los futuros unicornios españoles

Su presidenta, Laura Urquizu, lanzó hace unas semanas un tuit bastante ilustrativo del momento actual. "Queridos líderes de startups, el ebitda es el nuevo sexy", señaló en un mensaje acompañado de una fotografía desde uno de los rascacielos de Nueva York. 

El ebitda, o resultado bruto de explotación, es el indicador que más se utiliza para comparar entre compañías de un mismo sector: básicamente, es el resultado de restar ingresos menos costes, antes de amortizaciones, gastos financieros e impuestos. Una vista rápida de cómo va el núcleo del negocio de una empresa.

No es que la empresaria navarra esté en contra de los unicornios, pero sí del uso, y abuso, actual del término. "El unicornio nació como una métrica financiera para designar empresas valoradas en un billion de dólares y luego mediáticamente ha cambiado su significado", explica a Business Insider España Laura Urquizu.

"En 2021 hubo una explosión de inversión y valoraciones, en bolsa y mercados privados, con lo cual era más fácil ser unicornio, porque los múltiplos aumentaron mucho. Ahora que ha habido una caída de valoraciones, ¿significa eso que las empresas tengan peor producto o propuesta de valor? No, para nada, las que eran magníficas siguen siéndolo, pero ahora va a costar más ser unicornio", añade.

Los múltiplos para calcular la valoración de una compañía, que habían pasado de 20 veces la facturación o el ebitda, a multiplicar por 50 ó 100 ya han pasado a mejor vida, lo cual para Urquizu tendrá su efecto positivo, ya que pondrá el foco sobre el camino a la rentabilidad de las compañías emergentes. 

"En este 2022, con el parón en los mercados financieros, se empieza a hablar de la profitability, de la rentabilidad, algo que sabe cualquiera que esté construyendo una empresa. No se trata solo de ingresos, sino de que te paguen, caja, costes y beneficios. Esto en el ecosistema de startups a nivel mundial se obviaba, era sobre todo crecimiento", destaca la presidenta de Red Points.

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Entre los centenares de reacciones al tuit de Urquizu estaba la de Íñigo Valenzuela, fundador de una de las compañías que más ha crecido durante la pandemia: Smartvel, una tecnológica especializada en inteligencia artificial destinada al turismo que se convirtió en súbito líder de un segmento de negocio, el de surtir de información sobre restricciones de viaje a las aerolíneas.

Valenzuela, cuya compañía ha casi triplicado ventas en el último año y tiene una cuota de mercado del 29% de los pasajeros mundiales, se considera una rara avis en el sector startup, ya que ha dicho no a varias propuestas de fondos y ha apostado por "una mentalidad más tradicional", basada en tener ebitda positivo en lugar de, como se dice en el argot, quemar caja.

"Los intereses del capital riesgo y el fundador no siempre están alineados. Un venture capital a veces te dice: 'Gástate todo lo que quieras que yo te lo doy, lo que quiero es que arriesgues al máximo y que la compañía, aunque esté en pérdidas, crezca lo máximo posible' Y eso está muy bien, el problema es que hay muchas empresas que no cogen esa velocidad", explica a Business Insider España.

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DESPIDOS TECNOLÓGICAS

Para Valenzuela, en esta carrera por crear el próximo unicornio, a veces se pierde el interés por los fundamentales del negocio. 

"A mí me sorprende que, cuando nosotros decimos que tenemos ebitda positivo, la gente se queda como si no arriesgaras lo suficiente. Las empresas normales no se están arriesgando constantemente. ¿Lo bueno es poner mi empresa en riesgo, que si tengo un millón en caja, lo gaste todo y vaya a por más? No estoy muy de acuerdo. Las rondas son largas, son pesadas, consumen mucho tiempo", reflexiona.

Desde el otro lado de la acera, el inversor Samuel Gil recuerda que el crecimiento es parte del modelo de negocio de los fondos de capital riesgo: ofrecer a sus inversores el mayor retorno de su capital posible. "Los inversores, para que las matemáticas de nuestro modelo funcionen, tenemos que aspirar a tener un exit (una venta o salida a bolsa). Tienes que buscar esos unicornios", explica.

En ello también influye la escala de la compañía, y el momento en el que el inversor aparece. Aquellos que invierten en compañías en fases iniciales priorizan el crecimiento a la rentabilidad, aporta Paloma Castellano, de Wayra. 

"No es que yo no crea que la empresa tenga que estar en break even (punto de equilibrio), naturalmente sí, y tiene que devolver valor, pero en la etapa en la que yo estoy invirtiendo no quiero un negocio que presente un business plan con brean evek, sino que crezca", señala.

Centauro, un nuevo término mitológico que no convence

Vista la necesidad de una realidad, el mundo startup, fecundo en términos rimbombantes que tan bien resuenan en el sector periodístico, ya tiene una nueva propuesta: el centauro. El fondo estadounidense Bessemer Venture Partners acuñó en un estudio reciente esta métrica para referirse a compañías con 100 millones de ingresos recurrentes.

Como en todo, hay división de opiniones. Laura Urquizu se siente atraída por la idea. "Llegar a 100 millones te permite una continuidad, un crecimiento sostenido con rentabilidad, es un concepto que me gusta, más cercano", indica. También Íñigo Valenzuela: "Me parece más adecuado hablar de facturación que de valoración. Y no estaría de más hablar de ebitda".

Samuel Gil recuerda que el unicornio en origen era, en sí mismo, un centauro. "Históricamente, cuando alcanzabas los 100 millones de facturación conseguías los 1.000 de valoración, algo que era razonable y que pocas compañías alcanzaban. Ahora muchas compañías con facturaciones mucho menores levantan mucho dinero y alcanzaban esa valoración", explica. "Pero creo que no va a cuajar", añade.

Unicornio o centauro, la imagen es lo de menos. El debate es entre valoración y resultados: si el precio que pones a una startup se aleja mucho de la salud de su negocio, en algún momento la mística del unicornio decae. ¿Cuántas lo harán en el nuevo contexto macroeconómico y cuántas demostrarán que ganaron su fama con un negocio sólido detrás?

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