Cómo las variantes del coronavirus llamadas "mutantes de escape" amenazan con destruir todos nuestros avances

Variantes mutantes de escape del coronavirus

Samantha Lee / Business Insider

  • A medida que el coronavirus sigue evolucionando hacia variantes más nuevas y "más adaptadas", podría superar nuestra capacidad de detenerlo con vacunas.
  • El lento ritmo de vacunación en términos globales significa que el virus tiene muchas oportunidades de buscar huecos que puedan explotar en nuestras defensas.
  • "Esperemos no tener que lidiar con mutantes de escape, pero no es algo que podamos descartar de antemano, porque podría ocurrir", alerta un virólogo.
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Por primera vez en más de un año, mucha gente empieza a sentir la esperanza de que la pandemia puede pronto dejar de ser un problema. Casi un tercio de los estadounidenses están totalmente vacunados y allí incluso se han relajado las recomendaciones sobre el uso de mascarillas en exteriores; en Israel el porcentaje de población completamente vacunada se acerca al 60% y en Reino Unido ya más de la mitad de los ciudadanos han recibido al menos una dosis, y en España, al igual que en el resto de Europa, se confía en que una amplia mayoría de la población quede vacunada hacia final del verano.

Pero en realidad estamos entrando en uno de los momentos más delicados de la pandemia. Estamos en una carrera crítica entre las vacunas y las variantes del virus, y a pesar de todos los avances que hemos hecho en los últimos meses, el resultado está lejos de ser seguro. Menos de una de cada 10 personas del planeta ha recibido al menos una dosis de alguna de las vacunas contra el COVID-19, mientras que nuevas y aterradoras variantes están infectando a la gente a un ritmo récord. Y eso nos pone a todos -incluso, en el peor de los casos, a los vacunados- en riesgo de tener que volver al punto de partida.

La situación es tan alarmante que los principales expertos en salud pública y virólogos con los que Business Insider ha hablado parecen más descorazonados sobre el estado de la pandemia ahora que hace unos meses, cuando parecía que las vacunas iban a aplanar la curva. 

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"No tiene buena pinta, para ser completamente sincero", señala el destacado virólogo James Hildreth, que forma parte del comité asesor de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos que autoriza las vacunas contra el COVID-19 que se administran en el país. "Parece casi como si la disponibilidad de las vacunas, y el conocimiento de que van a llegar, hubiera hecho que algunas personas bajaran la guardia un poco antes de tiempo".

Los científicos que han seguido la propagación de las variantes desde los albores de la pandemia han observado con horror cómo nuevas mutaciones más infecciosas han tomado el control. "Hasta noviembre, la mayoría de la gente ni siquiera pensaba en las variantes", afirma el epidemiólogo Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota. "Eran sólo una especie de rarezas, formas de medir la antigüedad del virus".

La gran pregunta ahora mismo es, ¿hemos conocido las peores variaciones que puede ofrecer este virus? 

Los científicos se inclinan cada vez más por el bando de los no tan confiados. Y esa perspectiva tiene preocupados a algunos de los mejores vigilantes del virus.

Existen 3 formas en las que las variantes podrían ganar

La mala noticia es que el lento ritmo de la vacunación a nivel mundial significa que el virus tiene muchas oportunidades de buscar huecos que puedan explotar en nuestras defensas. Como evoluciona constantemente y se adapta a su hábitat nativo -nosotros-, el virus COVID-19 busca sobrevivir creando la versión "más apta" de sí mismo. Sin embargo, todas nuestras vacunas actuales se construyeron para combatir el virus identificado por primera vez en Wuhan, China, hace casi un año y medio. Esa versión del virus apenas existe ya, ya que ha sido superada por variantes más recientes y adaptadas, incluidas las que han demostrado ser más transmisibles, resistentes a algunas vacunas y capaces de reinfectar a las personas. La variante B.1.1.7, identificada por primera vez en el Reino Unido, es ahora la responsable de la mayoría de los casos de COVID-19 en España.

La buena noticia es que las vacunas que tenemos a mano son tan potentes que resisten bien las mutaciones. El epidemiólogo Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas y el rostro más reconocible de la lucha contra la pandemia en Estados Unidos, ha puesto un asterisco sobre la vacuna de AstraZeneca, a la que considera "no tan buena" para evitar la variante B.1.351 detectada inicialmente en Sudáfrica. Por otra parte, casi todas las grandes empresas farmacéuticas se están esforzando por crear nuevas vacunas y dosis de refuerzo, con la esperanza de que vayan un paso por delante de las variantes.

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Hay tres formas importantes en las que el virus podría burlar nuestras vacunas. En primer lugar, todas las vacunas que tenemos se dirigen a las proteínas de espiga del coronavirus, las protuberancias afiladas en forma de corona de la superficie del virus que le ayudan a invadir nuestras células. Si se producen múltiples mutaciones en las proteínas que cambien las reglas del juego, nuestras vacunas actuales podrían resultar inútiles: los anticuerpos inducidos por las vacunas serían incapaces de rechazar la nueva variante. La variante P.1, identificada por primera vez en Brasil, tiene 3 mutaciones en la proteína de la espiga, y está reinfectando a personas que ya han tenido COVID-193.

En segundo lugar, existe la posibilidad de lo que los virólogos denominan "mutantes de escape", es decir, variaciones del virus lo suficientemente astutas como para burlar las defensas inmunitarias que hemos conseguido crear. El entorno actual que hemos creado, en el que sólo hemos conseguido una inmunidad de grupo parcial, crea las circunstancias ideales para que surjan mutantes de escape. Tener muchas personas parcialmente vacunadas, o comunidades en las que la inmunidad viral es baja o decreciente, puede ejercer una presión selectiva sobre el virus, eliminando esencialmente de la competencia las variantes contra las que las vacunas funcionan mejor.

"Esperemos no tener que lidiar con mutantes de escape, pero no es algo que podamos descartar de antemano, porque podría ocurrir", afirma Hildreth. "Lo que no se sabe es si, incluso mientras estamos aquí sentados y hablando, hay una persona caminando por ahí que esconda sin saberlo una combinación de mutaciones que pueda generar una variante que se propague rápidamente, y contra la que las vacunas no funcionen".

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Otros expertos comparten la preocupación de Hildreth. "No estamos tan lejos de ver virus con mutaciones de escape que puedan esquivar las vacunas", explica Ravindra Gupta, un profesor de microbiología de la Universidad de Cambridge que ha estudiado la mutación de escape E484K, que ya está presente en casi todas las variantes más preocupantes. (Los científicos la han apodado acertadamente la variante "eek").

En tercer lugar, y quizá lo más preocupante, aunque no acabemos siendo víctimas de una variante de escape, o de cambios importantes en la proteína de la espiga del virus, nadie sabe durante cuánto tiempo proporcionarán una protección completa nuestras vacunas actuales contra el virus y sus variantes de rápida evolución. De lo que sí están seguros los científicos es de que la protección de las vacunas no durará para siempre, lo que podría hacer que las personas vacunadas vuelvan a ser vulnerables al virus en los próximos años, abriendo la puerta a otra mega ola de infecciones.

"Tendremos que -probablemente entre este verano y el otoño- empezar a planificar esa próxima generación de vacunas", señala el doctor Ashish Jha, decano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Brown.

La mayor esperanza

Incluso cuando tengamos un gran porcentaje de la población vacunada, las personas inmunodeprimidas seguirán siendo vulnerables al COVID-19 y a sus efectos duraderos. Si no controlamos la pandemia con la suficiente rapidez, los individuos no vacunados podrían convertirse en el caldo de cultivo perfecto para las variantes. Esa es otra razón por la que es un error sugerir que los jóvenes no necesitan vacunarse: una capa de protección que sólo cubra a la mitad de la población no será suficiente.

También es posible que las personas vacunadas que se contagien pero nunca desarrollen síntomas se conviertan en reservorios silenciosos de variantes. Es un escenario aterrador, especialmente si se tiene en cuenta que las tasas de vacunación siguen siendo sorprendentemente bajas en algunas zonas de países donde la vacunación avanza a gran velocidad, como sucede en estados como Alabama, Mississippi y Luisiana dentro de Estados Unidos. Esas poblaciones podrían ser fácilmente devastadas por las nuevas variantes.

Incluso si las temidas mutaciones de escape no ponen completamente en peligro nuestro progreso, el panorama global para los próximos dos años sigue siendo sombrío. En el mejor de los casos: Estados Unidos, Europa, Israel y quizá algunos otros países logran niveles de vacunación lo suficientemente altos como para contener el virus en brotes ocasionales, mientras que el resto del mundo sigue enfrentándose a una pandemia en toda regla que mata a millones de personas e interrumpe la cadena de suministro mundial. Vale la pena recordar que la mayor parte de las vacunas del mundo no se fabrican en Estados Unidos ni en Europa sino en la India, donde una ola de infecciones por COVID-19 ha provocado que los cadáveres se acumulen tan rápido que se están incinerando incluso en aparcamientos en plena calle.

"Ese no es el futuro que quiero para los próximos uno o dos años", afirma Jha. "Y no creo que sea el futuro que queramos ninguno de nosotros".

Afortunadamente, los científicos coinciden en que todavía existe un gran motivo de esperanza. Tras décadas de ardua investigación, las nuevas vacunas construidas con ARN mensajero han llegado con una fuerza impresionante. La belleza de la tecnología de las vacunas de ARNm es que entrena al cuerpo para que luche contra el virus por sí mismo, por lo que no es necesario incubar ningún virus en huevos de gallina (como hacemos para las vacunas anuales contra la gripe), lo que supone un enorme ahorro de tiempo. Las nuevas vacunas de ARNm pueden desarrollarse, literalmente, en un fin de semana. Y teniendo en cuenta que sólo dos o tres variantes del virus COVID-19 parecen ser las responsables de la mayor parte de los problemas actuales, no es difícil imaginar que puedan ser contenidas por una segunda generación de vacunas. Pfizer y Moderna ya están trabajando en sus vacunas de refuerzo, y GSK está desarrollando una vacuna que atacaría varias variantes a la vez.

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Los científicos también esperan que, teniendo en cuenta todo lo que están aprendiendo sobre las nuevas variantes, algún día puedan ofrecer un único cóctel multicoronavirus que haga frente a todas y cada una de las amenazas. Pero incluso si los desarrolladores de vacunas desarrollaran ese cóctel de ensueño -una tarea difícil dado que nunca se ha hecho-, es complicado que ese tipo de mezcla tenga éxito. Intentar entrenar al cuerpo para que luche contra numerosas versiones del virus al mismo tiempo hace que nuestro sistema inmunitario sea necesariamente menos robusto a la hora de enfrentarse a cada uno de los adversarios.

Mientras tanto, tenemos que actuar con mayor rapidez para suministrar las vacunas que tenemos a más personas. "Si la gente se vacuna, si realmente podemos conseguirlo, creo que estaremos en mucha, mucha mejor forma de lo que imaginamos", afirma el doctor Stanley Perlman, uno de los principales expertos en virus del comité asesor sobre vacunas de la FDA que lleva casi cuatro décadas estudiando los coronavirus.

La mayor amenaza

Hasta entonces, la mayor amenaza a la que nos enfrentamos es nuestra propia complacencia. Desde una perspectiva global -que es la única que importa en una catástrofe epidemiológica de esta magnitud- las cosas están empeorando, no mejorando. En las últimas dos semanas se han notificado más casos de COVID-19 en todo el mundo que durante los primeros seis meses de la pandemia. Más de la mitad de los casos de la semana pasada se registraron en Brasil e India, donde los expertos temen que estén apareciendo aún más variantes con potencial para evadir las vacunas.

En este punto, después de pasar más de un año en varios estados de confinamiento, la gente está tratando comprensiblemente las vacunas como un cheque en blanco. Muchos ciudadanos en Estados Unidos y Europa confían pasar un verano de diversión sin ataduras, con más viajes transatlánticos y menos mascarillas. En la India, decenas de millones de personas acudieron recientemente al Kumbh Mela, uno de los mayores festivales del mundo, y muchos de ellos enfermaron posteriormente. Y Japón sigue presionando para que se celebren los Juegos Olímpicos de verano este año, a pesar de haber sufrido la mayor parte de las muertes por COVID-19 en los últimos meses.

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Ahora mismo somos como un boxeador demasiado confiado que baja la guardia en el último asalto. Aunque tengamos al virus contra las cuerdas, le estamos dando una oportunidad de oro para asestar un golpe de gracia. Dado que las tasas de vacunación siguen siendo bajas en todo el mundo, el impulso de despojarnos de nuestras mascarillas y movernos libremente sólo permitirá la aparición y propagación de más variantes. Hasta que seamos capaces de alcanzar algo parecido a la inmunidad de grupo, dicen los científicos, tenemos que darnos cuenta de que las vacunas por sí solas no son suficientes. Las medidas preventivas básicas, como el uso de mascarillas y el distanciamiento, siguen siendo esenciales para detener la propagación del COVID-19 y de las nuevas variantes letales que se están desarrollando.

"Debemos ser optimistas, con los ojos bien abiertos en cuanto a las posibilidades", dice Hildreth. "Me vacuné en diciembre. Si salgo a la calle, créeme, llevo puesta la mascarilla. Soy consciente de que estoy protegido contra las cepas contra las que se desarrolló la vacuna. Pero no sé si no hay una variante por ahí que pueda seguir infectándome".

Este contenido fue publicado originalmente en BI Prime.

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