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Adolfo García Sastre, el microbiólogo burgalés que investiga la vacuna contra el coronavirus entre Nueva York y Madrid: "No se puede apostar solo por una o dos vacunas"

Adolfo Garcia-Sastre, virólogo español del hospital Mount Sinaí
Adolfo García-Sastre,director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes del Hospital Monte Sinaí. Mount Sinaí
  • Adolfo García-Sastre es director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes vinculado al Hospital Monte Sinaí de Nueva York, donde trabaja cara a cara con los virus de la gripe. 
  • Debido al brote de coronavirus, el equipo de este experto de Burgos colabora ahora con el Centro Nacional de Biotecnología en Madrid en la búsqueda de su vacuna y trabajan en el desarrollo de otros dos candidatos vacunales. 
  • Business Insider España ha hablado con García-Sastre para conocer su perspectiva sobre la gestión de la pandemia y qué se puede esperar de cara al futuro. 
  • El microbiólogo asegura que hay más casos de infectados que los que se han diagnosticado y reivindica la importancia de los tests diagnósticos para evitar un segundo confinamiento. 
  • En el mejor de los casos, cree que se podrá controlar la propagación de una segunda oleada y confía en que contaremos con una vacuna para la tercera. 
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Hace años que Adolfo García-Sastre, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes vinculado al Hospital Monte Sinaí de Nueva York, trabaja cara a cara con distintos virus. 

La especialidad de este microbiólogo de Burgos al que la investigación ha llevado a Nueva York es, en sus propias palabras, entender "las interacciones de virus con el huésped para averiguar el tipo de procesos moleculares que ocurren". 

Es decir, García-Sastre estudia e intenta comprender cómo se produce una infección y los efectos que causa, por lo que "era natural que, cuando llego un virus como este, nos pusiéramos a trabajar en él". 

Los virus más estudiados por García-Sastre son los de la gripe y trabaja en un programa que analiza los factores determinantes de la enfermedad y cómo conseguir mejores antivirales y vacunas. Para investigar el nuevo coronavirus están usando "prácticamente las mismas herramientas que usamos con la gripe", señala. 

El equipo de García-Sastre colabora en el desarrollo de la vacuna que está investigando Luis Enjuanes en el Centro Nacional de Biotecnología en Madrid analizando protíenas y, desde Monte Sinaí, trabajan con otro dos tipos de vacuna. Cauteloso con los plazos, García-Sastre señala que se están probando en modelos de animales. 

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El interrogante del coronavirus: "Hay muchos más casos que los diagnosticados" 

Para García-Sastre, lo que más urge en esta crisis es saber qué tratamientos podrían funcionar contra la enfermedad.

¿Y lo siguiente? "Empieza a haber mucha gente infectada que ya se ha recuperado y es importante saber el nivel de inmunidad que han adquirido y si ese nivel de inmunidad es protector o no", explica el microbiólogo.

Actualmente, no hay datos claros sobre la inmunidad que se adquiere tras haber pasado la enfermedad, algo que podría estar causado, en parte, por las limitaciones técnicas de los tests. 

En el mejor de los casos, reflexiona García-Sastre, "el virus dará lugar a una fuerte inmunidad natural que provoque que sea muy difícil ser reinfectado". 

Por último, al experto le parece esencial "tener datos mucho más claros de transmisión y de casos para saber en qué sitios es más prevalente el virus".

El microbiólogo está convencido de que hay muchos más casos de infección de los realmente diagnosticados: "Es muy difícil de entender que países que tienen un nivel de desarrollo muy similar tengan una tasa de mortalidad tan distinta".  

"Para mí, eso quiere decir que la tasa de mortalidad es muy similar entre los países, pero difieren en el número en el que se acercan los diagnosticados a los realmente infectados", concluye. 

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Por supuesto, para García-Sastre, esto es una cuestión que depende del número de tests de diagnóstico realizados. "Desafortunadamente, no tenemos todos los que nos gustaría tener", lamenta.

En España, el número de infectados supera los 200.000, pero un informe reciente de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada eleva la cifra hasta los 1,2 millones. 

En esta línea, el microbiólogo también alerta de otro factor que influye en el número de casos de infección que no se están registrando. "Ya es evidente que los niños y los adolescentes se contagian con la misma frecuencia", asegura. "Pero es un sector mucho menos diagnosticado que otros porque no presentan síntomas". 

Los datos del Ministerio de Sanidad revelan que, del total de 210.406 contagiados en España, 694 son niños entre 0 y 9 años y 1.258 se han producido en la franja de entre 10 y 19 años.

Las conclusiones de García-Sastre también le llevan a pensar que la tasa de letalidad del virus es menor de la que se estima actualmente. 

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Anticipar la crisis: las lecciones que no aprendimos del MERS y el SARS 

La pandemia actual nos ha pillado por sorpresa, pero no debería. Es el tercer brote de coronavirus de la década después del SARS y del MERS, y los expertos llevaban tiempo advirtiendo de que esto podría pasar. 

¿Por qué no se desarrollaron vacunas contra el SARS y el MERS? ¿Por qué no nos sirvieron como aviso para prepararnos mejor? García-Sastre asegura que las vacunas contra esas enfermedades —una ya erradicada y otra con apenas un puñado de casos al
año— no eran viables comercialmente. 

"Si hubiésemos trabajado más en este tipo de vacunas, sabríamos un poco más sobre qué inmunidad es la que tenemos que conseguir para poder protegernos contra este", asegura. Sin embargo, no era tan fácil, puesto que las vacunas necesitan estudios de eficacia que requieren que la enfermedad sea prevalente. 

Sin embargo, admite que se podrían haber hecho más estudios en modelos de animales contra el SARS y el MERS que podrían haber ayudado a enfrentarnos a esta pandemia.  

De hecho, actualmente, la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford parece el candidato más prometedor y el equipo científico asegura que podría estar lista en septiembre. La celeridad del proceso ha sido posible, en parte, gracias a que la plataforma utilizada—un adenovirus del resfriado común inofensivo en humanos— ha probado su eficacia en ensayos anteriores y, en concreto, en las primeras fases de ensayos contra el MERS

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García-Sastre también indaga en lo que ha supuesto que el SARS acabara desapareciendo: "El SARS nos advirtió de que esto podía pasar e identificamos que había más virus como el SARS en murciélagos que nos alertaban de que esto podía volver a ocurrir". 

"Pero el SARS paró, así que la mentalidad fue: si el SARS paró, pues el siguiente también lo hará", ofrece como explicación a por qué no ha habido preparación contra este virus. 

"Las cosas son mucho más impredecibles que eso. El caso es esperar lo inesperado y estar preparado para lo que ocurra", concluye. 

No obstante, no tiene mucha esperanza de que esto sirva para encarar mejor las posibles pandemias del futuro. "Se recordará simplemente como recordamos la de 1918, algo que ocurrió pero que seguramente no ocurra otra vez". 

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"No se puede apostar solo por una o dos vacunas"

En la carrera por desarrollar una vacuna ha surgido una batalla que enfrenta a una innovadora tecnología genética con el método tradicional de virus atenuados. 

La biotecnológica estadounidense Moderna, que saltó a los titulares tras empezar ensayos en humanos 63 días después de que se secuenciara el genoma del virus, apuesta por la genética con una plataforma de ARNmensajero. 

Aunque no ha logrado comercializar nunca una vacuna, el sector tiene los ojos puestos en esta tecnología que, de funcionar, permitiría una fabricación acelerada y estar más preparados para las siguientes pandemias. 

"Sería muy interesante que funcionaran las vacunas de ARN mensajero", señala García-Sastre. Sin embargo, para el microbiólogo, lo más importante es no dejar atrás ninguna estrategia que pueda funcionar. 

"No sabremos qué modelo es mejor hasta que tengamos datos. No se puede apostar solo por una o dos vacunas". 

En el caso de que los datos que se descubran sobre la inmunidad no ofrezcan resultados esperanzadores, García-Sastre asegura que una vacuna podría seguir siendo útil. 

El experto reconoce que, "cuanto más protejas de infección, mejor es la vacuna", pero advierte de que tampoco es necesario que funcione así. "Con que proteja contra la enfermedad o disminuya el contagio ya tendría sentido", explica. Desde su punto de vista, la vacuna es "una herramienta más" y, "cuando exista, ya veremos qué necesidad hay de ella". 

En el escenario actual que se baraja, que estima que habrá una vacuna de aquí a 18 meses, no se puede predecir cómo de necesaria será una vacuna porque se desconoce la prevalencia que tendrá la enfermedad en ese momento.  

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Cómo evitar volver al confinamiento durante una segunda oleada 

"No sabemos si habrá una segunda oleada y si se producirá en invierno, pero es un escenario probable", advierte. 

"La segunda ola va a depender de cuántos casos ha habido en la primera y cuánta gente ha adquirido inmunidad, algo que todavía no se sabe", señala. "Necesitas voluntarios y estudios serológicos que sepan cuantificar el número de anticuerpos que tienen: es complicado pero se puede hacer", asegura.

Se prevé que el verano reduzca el número de contagios, por lo que García-Sastre ve importante poder responder a cuál es el nivel de protección que se adquiere contra la infección tras haberla pasado y cuál es el nivel de anticuerpos que se necesita para estar protegido contra la enfermedad antes de que llegue el invierno. 

"Saber todo eso antes del invierno nos permitirá tomar medidas realistas basadas en datos fehacientes de qué es lo que realmente afecta a la transmisión del virus", asegura. 

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Para evitar un nuevo confinamiento, el experto asegura que es fundamental, ahora que se van a empezar a aplicar medidas de desescalada, estudiar el impacto que van teniendo con pruebas de diagnóstico continuadas.

"Se puede ver qué impacto tiene cada medida de desconfinamiento en el nivel de contagios. Si alguna de ellas provoca un pico, se puede recular", explica. 

"Si se implementan buenos métodos de diagnóstico que se empleen de modo más efectivo y con más asiduidad, se podrán ir aislando los casos detectados para no tener que volver al confinamiento", apunta. 

El escenario más optimista, que para el microbiólogo también es realista, es que se pueda evitar el confinamiento en una segunda oleada con medidas de detección como las que se han implementado en Australia y Nueva Zelanda: haciendo un buen control de los pacientes contagiados para aislarlos y evitar la propagación. 

En el mejor de los casos, se habrá controlado así la propagación durante una segunda oleada y, cuando llegue la tercera, ya habrá una vacuna, especula. 

Aunque, recuerda, "todo depende de cómo se comporte el virus y de cómo nos comportemos nosotros". 

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