Por qué apostar todo a la inmunidad de rebaño para detener la pandemia es un error

Trabajadores en Londres
Reuters
  • Alcanzar la inmunidad de rebaño —el número suficiente de individuos inmunizados contra la enfermedad de tal forma que esta ya no se propague— es el objetivo de todas las estrategias de vacunación y lo que se necesita para terminar con la pandemia y volver a la normalidad.
  • Esto se puede lograr de forma natural pasando la enfermedad o mediante la administración de una vacuna efectiva contra el coronavirus.
  • Sin embargo, los expertos advierten de que apostar por la vía natural es un error, mientras que lograrlo con una vacuna tampoco será fácil. 
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Alcanzar la inmunidad de rebaño —el número suficiente de individuos inmunizados contra la enfermedad de tal forma que esta ya no se propague— es el objetivo de todas las estrategias de vacunación y lo que se necesita para terminar con la pandemia y volver a la normalidad. 

Desde el inicio de la pandemia los expertos han utilizado modelos matemáticos y estadísticos para determinar cuándo se alcanzaría la inmunidad colectiva y han concluido que se necesitaría que el 60% de la población hubiese adquirido inmunidad. 

Esto se puede lograr de forma natural pasando la enfermedad o mediante la administración de una vacuna efectiva contra el coronavirus. 

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Intentar alcanzar la inmunidad natural sin una vacuna conlleva un alto coste humano 

Algunas estrategias políticas optaron al principio de la pandemia por permitir que los ciudadanos se expusieran al virus de forma natural sin implantar restricciones para adquirir cuánto antes la inmunidad colectiva. Fue el caso, por ejemplo, de Reino Unido, que tuvo que recular cuando comenzaron a dispararse el número de casos y fallecimientos. 

Los expertos han advertido repetidamente de los peligros de permitir la inmunización natural. Margarita del Val, viróloga del CSIC y coordinadora de la plataforma Salud Global, señalaba en una reciente entrevista con Business Insider España que la inmunidad natural implicaba un enorme coste humano que la sociedad no podía permitirse. 

Además, las propias cifras han puesto de manifiesto que dejar el fin de la pandemia en manos de la inmunidad natural no es una solución. 

En España, por ejemplo, los primeros resultados del estudio de seroprevalencia revelaron que solo un 5% de la población había pasado el coronavirus. 

Incluso en Suiza, un país que no ha impuesto restricciones ni confinamiento a su población, los estudios revelan que solo el 6,7% de las personas de 20 a 64 años y el 2,7% de las de 65 a 95 años tenían anticuerpos. 

"La inmunización natural no es viable", concluye del Val. 

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No todo el mundo es igual de susceptible a la infección y no se puede dividir a la población según su riesgo 

Las políticas que abogan por fomentar la inmunidad natural apuestan por proteger a los colectivos más vulnerables sin que quede claro cómo se logra esta protección y cuentan con que los grupos de menos riesgo están más protegidos contra la enfermedad severa. 

Sin embargo, los meses van demostrando que el coronavirus puede causar efectos a largo plazo incluso en los grupos considerados de menor peligro y de los que todavía no se sabe del todo sus consecuencias. 

Por otro lado, expertos consultados por The Wall Street Journal señalan que las estimaciones que sitúan en torno al 60% la población necesaria para alcanzar la inmunidad de rebaño parten de la idea de que todo el mundo es igual de susceptible a la infección, algo que consideran erróneo. 

Los epidemiólogos explican que los trabajadores esenciales, por ejemplo, están más expuestos, lo que también significa que si adquieren la inmunidad primero podrían aumentar las posibilidades de detener la propagación. 

Tener en cuenta este tipo de variables trae también una buena noticia: la población inmunizada necesaria para alcanzar la inmunidad colectiva podría ser menor. Recientemente, un nuevo modelo epidemiológico calculó cuándo alcanzaría la población la inmunidad de rebaño teniendo en cuenta factores como la edad o el nivel socioeconómico de la población en contraste con modelos más simples en los que todos los miembros de la población son igualmente susceptibles a la infección. 

La investigación, publicada en Science, parte de la suposición que una persona infectada transmite el virus a una media 2,5 personas más, y concluye que la inmunidad de rebaño se alcanzaría con un 43% de la población infectada frente al 60% que se creía hasta ahora. 

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Las reinfecciones: el último gran obstáculo a la inmunidad de rebaño 

La posibilidad de alcanzar la inmunidad de rebaño pareció aún más lejana cuando los primeros estudios sobre anticuerpos revelaron que desaparecían a los pocos meses de haber pasado la enfermedad.

Sin embargo, los expertos habían observado que la inmunidad celular juega un importante papel en la lucha contra el coronavirus, por lo que no se perdió la esperanza de que haber pasado la enfermedad garantizara una protección a largo plazo contra el virus. 

A pesar de todo, la confirmación de que se estaban produciendo reinfecciones en pacientes que ya habían pasado la enfermedad una primera vez terminó por enterrar las esperanzas puestas en la inmunidad de rebaño. 

Por ahora, los casos de reinfecciones son escasos y, en su mayoría, parecen demostrar que los pacientes sí que adquieren una capacidad para combatir mejor el virus una segunda vez

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La inmunidad a través de la vacuna tampoco es la solución de oro 

Por tanto, parece que la opción ideal para alcanzar la inmunidad colectiva es una vacuna. Sin embargo, incluso esta opción está perdiendo fuerza como solución definitiva a la pandemia. 

Para que una vacuna terminara por completo con la propagación debería ser cien por cien eficaz evitando la transmisión de persona a persona, algo que no parece que vaya a ocurrir en los candidatos que están siendo desarrollados ahora mismo, por lo menos los primeros que llegarán

Por ahora, los expertos parecen apuntar más hacia la idea de que contaremos con una vacuna que sea más eficaz protegiendo contra enfermedad que contra la infección. 

A pesar de todo, Adolfo García-Sastre, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes vinculado al Hospital Monte Sinaí de Nueva York, asegura que una vacuna podría seguir siendo útil. 

El experto reconoce que, "cuanto más protejas de infección, mejor es la vacuna", pero advierte de que tampoco es necesario que funcione así. "Con que proteja contra la enfermedad o disminuya el contagio ya tendría sentido", explica.

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Un segundo obstáculo será la distribución, ya que, aunque se consiga un candidato, no significa que vaya a estar disponible para todo el mundo. "La disponibilidad depende de muchos factores, entre ellos el proceso de fabricación, la capacidad de la industria farmacéutica para fabricar las dosis necesarias, el precio de comercialización, si es una dosis o varias...", explica María Montoya, investigadora en CIB-CSIC y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Inmunología, en una entrevista anterior. 

La Organización Mundial de la Salud ya ha advertido de que, aunque una vacuna pueda aprobarse a finales de este año, probablemente no esté disponible para su distribución masiva hasta el 2022. 

Los expertos consultados por The Wall Street Journal aseguran que la vacuna por sí sola no frenará la pandemia, pero que combinada con las medidas de higiene y prevención, se podrá detener la propagación del virus y recuperar la normalidad. 

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