Por qué hay tantas variantes del virus: razones y consecuencias

Un chico se hace una PCR para detectar el COVID-19.

REUTERS/Lirio da Fonseca

  • Expertos españoles relacionados con la pandemia de COVID-19 consultados por Business Insider España, señalan que las variantes son una de las mayores preocupaciones en la gestión de la pandemia.
  • Son sinónimo de cambios en el virus original que, aunque no siempre tienen por qué hacerlo más agresivo, podrían afectar a su forma de propagarse y enfermar a los infectados.
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Las nuevas variantes del coronavirus, de interés o preocupación, parecían haber pasado a un segundo plano tras tener bajo control los brotes que surgieron con la variante británica —B.1.1.7, ahora denominada alpha—, que se identificó en diciembre de 2020.

A pesar de que entre finales y principios de año se identificaron otras 2 originadas en Brasil y Sudáfrica, gamma y beta, que llamaron la atención de la comunidad científica porque presentaban una mutación que aumentaba su resistencia a la respuesta inmunológica

Sin embargo, no fue hasta delta, registrada por primera vez en India entre abril y mayo de 2021, cuando volvieron a saltar las alarmas sobre las versiones del virus que podrían cambiar el rumbo de la pandemia.

Esta demostró ser aún más transmisible, viral y resistente que sus predecesoras

Tanto que ha aumentado las tasas de contagio y los casos sintomáticos entre vacunados, mientras disminuye ligeramente la eficacia de las vacunas. Lo que podría dar lugar a las peores versiones del SARS-CoV-2: las mutantes de escape.

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Sin embargo, entretanto, se han detectado otras decenas de alteraciones, que no han llegado a desarrollar mutaciones que realmente pongan en peligro la estrategia de freno de la pandemia, provoquen nuevas afecciones, eludan los anticuerpos o las pruebas de detección a gran escala.

Pero que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado como variantes de interés —eta, iota, kappa, lambda— o alertas de seguimiento adicional, para las que no se han designado nombres —B.1.427, R.1, B.1.466.2, B.1.621... y otros 6 linajes—.

El coronavirus busca sobrevivir, de ahí que algunos expertos crean que seguirá propagándose en el futuro como una gripe

Un laboratorio realiza cientos de pruebas PCR en un cribado masivo para detectar positivos en COVID-19

cnsphoto via REUTERS

La principal razón por la que los virus como el SARS-CoV-2 mutan es porque quieren sobrevivir, persistir en el tiempo saltando de huésped en huésped —como lo hacen los virus de la gripe, por ejemplo—. 

Es decir, no buscan matar a las personas a las que infectan, porque hacerlo significa que él también puede morir. Aunque esto no evita que algunas mutaciones lo conviertan en un patógeno más agresivo

"Todos los virus, incluido el SARS-CoV-2, el virus que causa COVID-19, cambian con el tiempo", advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS). "La mayoría de los cambios tienen poco o ningún impacto en las propiedades del virus. Sin embargo, algunos cambios pueden afectar las principales propiedades".  

"De hecho, cuando hablamos de virus no hablamos de especies víricas —tal y como hacemos con las especies de animales o plantas—, sino de cuasiespecies porque, en realidad, un virus es una nube de mutantes", ejemplifica a Cuídate Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra. 

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Las mutaciones son cambios en el genoma del virus que lo ayudan a ser la mejor versión de sí mismo, coloquialmente hablando. 

Surgen al azar, pero están influidas por la presión a la que está sometido el virus —una fuerte respuesta inmunológica natural o la vacunación, por ejemplo—.

Ahora, la mutación a la que más temen los científicos es a la que consiga cambiar las características de la proteína espiga del SARS-CoV-2. Todas las vacunas desarrolladas se dirigen a esta para enseñar al sistema inmunológico a defenderse del patógeno. 

"La mayor preocupación en este momento es el gran número de personas que tienen el virus y, por tanto, el gran número de variantes que se están generando", ha reconocido a Business Insider Andrew Read, que estudia la evolución de las enfermedades infecciosas en la Universidad Estatal de Pensilvania, Estados Unidos.

Y, en palabras de Ravindra Gupta, profesor de microbiología de la Universidad de Cambridge, EEUU, no parece que se esté muy lejos de identificar la primera de ellas.

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Es por ello que los profesionales de la Salud consultados por Business Insider España advierten de la pronta vuelta a la normalidad. 

"Creo que la desescalada debería realizarse de forma más lenta, teniendo en cuenta los datos acerca de la protección a medio y largo plazo que confieren las vacunas", valora Salvador Peiró, médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.

Otros expertos como Alejo Erice Calvo-Sotelo, médico especialista en Medicina Interna, Inma Neira, médico especialista en Traumatología y Alfredo Corell, catedrático de Inmunología y miembro de la Sociedad Española de Inmunología prevén que una vuelta demasiado rápida a los comportamientos prepandémicos podrían paralizar el avance hacia el fin de la pandemia de COVID-19

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De facto, el 82% de los expertos en salud consultados por Business Insider España creen que continuará propagándose en 2023 en niveles más bajos, similar a los de la gripe

En ello coincide Mike Ryan, al frente del del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, pero es aún más pesimista: "Creo que es importante que seamos realistas y no creo que nadie pueda predecir cuándo desaparecerá la enfermedad".

El coronavirus puede volverse más viral y resistente a los anticuerpos

PCR para detectar COVID-19.

REUTERS/Lucy Nicholson

A pesar de los cambios que caracterizan a las nuevas variantes, el virus se sigue propagando de la misma manera, pero puede que de una forma más rápida o agresiva

El SARS-CoV-2 se transmite a través las partículas exhaladas de una persona infectada. Esto se da en un contacto directo —al toser, estornudar o al hablar cerca y durante un tiempo—, vía fómite o aérea. No obstante, varios estudios han demostrado que estas 2 últimas formas de propagación son prácticamente inusuales.  

"La transmisión se produce fundamentalmente por aerosoles en interiores", señala Peiró.

Esta es la razón por la que algunos espacios han sido más restrictivos que otros durante la pandemia: hay escenarios en los que el COVID-19 tiene más probabilidades de propagarse, como en los espacios cerrados, entre multitudes o mal ventilados, por ejemplo. 

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Mas allá de las probabilidades de contagio, también puede hacer al patógeno más resistente a los anticuerpos y viral

Es decir, que provoque una enfermedad más grave —como también ha sucedido con delta, que ha incluso aumentado el porcentaje de vacunados sintomáticos con casos leves—. 

"Las vacunas protegen frente a enfermedad grave pero no se sabe por cuánto tiempo. Además, la protección que confieren frente a las posibilidades de reinfección asintomática y transmisión no están establecidas por falta de datos y seguimiento insuficientes", advierte Calvo-Sotelo.

Ahora, las vacunas son entre un 10% y un 30% menos eficaces contra la última de las variantes de preocupación, que ha captado la atención de toda la comunidad científica por su rápida extensión. 

Aunque siguen siendo buenas protegiendo contra casos moderados y graves a la población general —las personas mayores o de grupos de riesgo tienen más probabilidades de presentar síntomas—.

"Es demasiado pronto para relajarse en cuanto a las relaciones sociales y vida de ocio prepandémica (...) Las medidas en cuanto a viajar y las relaciones sociales deben continuar, porque la población está parcialmente inmunizada, la duración de la inmunidad no está bien establecida y la protección frente a las variantes del virus puede ser insuficiente", coincide Neira.

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Los apuntes de Neira recuerdan a las últimas recomendaciones de la directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), Rochelle Walensky —que coinciden con las declaraciones de Read y Gupta sobre los mutantes de escape—. 

Walensky ha advertido que esos perfiles parcialmente inmunizados y la duración de la inmunidad podrían propiciar la aparición de variantes mutantes de escape —es decir, que aprendan a eludir la respuesta inmunológica que inducen las vacunas disponibles—.

"Estas vacunas funcionan muy bien a la hora de protegernos de enfermedades graves y de la muerte, pero la gran preocupación es que la próxima variante que pueda surgir —a sólo unas pocas mutaciones de distancia— podría evadir nuestras vacunas", explica.

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Además, siendo delta más contagiosa también se han empezado a contabilizar más casos de vacunados contagiados. No obstante, este grupo siempre estará más protegido contra el SARS-CoV-2 que los que no han recibido ninguna vacuna o no han pasado la enfermedad.  

"Está por ver qué pasa con las variantes actuales (y futuras) del virus y la evolución de la pandemia en el resto de los países. En un mundo tan globalizado, los viajes entre países con situaciones epidemiológicas diferentes puede originar brotes y prolongar la pandemia en el tiempo. Por lo tanto, vacunación, prudencia, prudencia y prudencia", advierte Calvo-Sotelo. 

En ello coinciden Raúl Ortiz de Lejarazu y Leonardo, consejero científico del Centro Nacional de Gripe de Valladolid y Microbiólogo emérito del SACYLto, Neira y José Escribano, director científico en ALGENEX, quienes creen que las variantes siguen siendo la principal amenaza

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