Cientos de pacientes de coronavirus se han unido ya a este 'campamento' virtual para tratar sus síntomas persistentes

Recovered COVID-19 patient Emiliano Pescarolo, 42, get his last cardio-respiratory measurement at the end of his rehabilitation at the Department of Rehabilitative Cardiology in Genoa, Italy, on July 22, 2020.
Marco Di Lauro/Getty Images
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  • Más de 300 pacientes de coronavirus se han unido a un 'campamento' virtual para mejorar los síntomas persistentes.
  • El programa incluye actividades físicas como ejercicios de respiración y cardio, así como leer, meditar y charlas motivacionales.
  • Marissa Oliver, una mujer de 36 años que lleva con síntomas más de 5 meses, dice que el programa ha mejorado su mente y reducido la tensión en su diafragma.
  • Este podría convertirse en un tratamiento a largo plazo.
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Cada día, Marissa Oliver entra en su ordenador después del trabajo y ve la cara del doctor Noah Greenspan, un fisioterapeuta con tatuajes en ambos brazos. Él le ofrece a Oliver — y a muchos otros pacientes de coronavirus con síntomas persistentes — una motivación diaria: no son su enfermedad. Las cosas irán mejor.

Antes de la pandemia, el doctor Greenspan trabajaba con ancianos con enfermedades pulmonares y cardiovasculares en Nueva York. Pero a medida que se fue expandiendo el coronavirus, empezó a oir que muchos pacientes no se habían recuperado del todo. Ese es el caso de Oliver: la mujer de 36 años tiene dificultades respiratorias desde el 11 de marzo.

Greenspan decidió ver cómo estos pacientes respondían a algunos de los ejercicios que les suele dar a los ancianos que trataba, incluso aunque muchos, como Oliver, son mucho más jóvenes. Su programa inicial resultó ser demasiado riguroso, así que el fisioterapeuta decidió lanzar un programa virtual el 2 de agosto.

Más de 300 pacientes se han apuntado, explica, y su progreso ofrece algunas pistas sobre cómo tratar los efectos a largo plazo de la enfermedad.

"Cada semana, vemos pacientes lanzando una piedra pequeña, haciendo ondas en la piscina, viendo cómo van las cosas", cuenta Greenspan. "Estamos empezando a establecer un plan de tratamiento y una rehabilitación consistente que podría funcionar para la mayoría de gente si lo hacemos de la forma correcta".

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El programa diario empieza con meditación o charlas inspiracionales, seguido de ejercicios de respiración, entrenamiento de fuerza y cardio. Está basado en donaciones, por lo que los pacientes tienen la opción de unirse de manera gratuita.

"Desde que empecé, he notado una reducción en la tensión del diafragma, que era un síntoma que he tenido durante estos 4 meses y medio", cuenta Oliver, que lidera una organización de arte. "Son estos ejercicios los que me están ayudando a librarme de los síntomas de una manera natural". 

Los programas de rehabilitación abordan los síntomas de COVID-19

Greenspan dice que la capacidad limitada de los hospitales durante la pandemia significó para muchos enfermos de COVID-19 el tener que lidiar con su enfermedad en casa — algunos tenían neumonía, coágulos sanguíneos o fiebre alta.

"Si esto pasase en cualquier otra época histórica, un gran número de pacientes hubieran sido admitidos en el hospital", cuenta Greenspan. "Por lo que sabemos, si hubieran sido admitidos de inmediato, tal vez la gravedad de sus síntomas habría sido mucho menor".

Otros enfermos a largo plazo nunca han llegado a desarrollar síntomas por los que su vida corriese peligro y sus escáneres cerebrales, radiografías de tórax y análisis de sangre han vuelto a la normalidad — aunque ellos siguen teniendo síntomas como taquicardias, mareos, fatiga y dificultad respiratoria. Algunos médicos han sugerido que los síntomas de estos pacientes podrían ser psicológicos.

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"Ahora sabemos que eso no es cierto", afirma Greenspan.

Él cree que hay una forma para todos estos pacientes de recuperarse del todo.

El campamento de seis semanas incluye sesiones diarias virtuales y grabada — los pacientes se pueden unir desde donde y cuando quieran. A corto plazo, el objetivo de las clases y ejercicios es mejorar la flexibilidad y equilibrio de los pacientes y enseñarles como recuperar el aliento cuando se empiezan a agobiar.

Las sesiones duran sobre una media hora, pero los pacientes tienen la opción de repartir los ejercicios durante el día o hacer más si se sienten con fuerzas. Los ejercicios varían a diario.

Al principio del campamento, cada paciente rellena una encuesta de calidad de vida. Greenspan dice que es muy pronto para darles una segunda encuesta, pero tiene pensado registrar el progreso una vez han terminado.  

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El campamento es el primer programa de rehabilitación online para los pacientes de COVID-19.

Pero no es el primer tratamiento para los enfermos a largo plazo que utiliza fisioterapia: el Centro Médico de Detroit (Estados Unidos) ofrece un programa individual de rehabilitación para los pacientes de COVID-19 desde junio. Una clínica de Génova (Italia) también está ayudando a los enfermos con ejercicios presenciales y el hospital Saint Luke en Bradford (Inglaterra) ha puesto a disposición de los pacientes a largo plazo un dietista, un psicólogo y un especialista en fatiga crónica.

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El programa de Greenspan ha adoptado un enfoque similar.

Los pacientes hacen tai chi, yoga y meditación, escuchan música relajante mientras caminan en el sitio o miran la pantalla. También ven charlas motivacionales de fisioterapeutas, neumólogos, cardiólogos y neurólogos conocidos en su ámbito a los que pueden hacer preguntas sobre su salud.

"Al principio pensé que era un poco cursi pero, sinceramente, puedo afirmar que me ha ayudado a mejorar", cuenta Oliver, y añade que "los impactos emocionales y mentales del virus han sido tan severos como los físicos".

Los ejercicios de respiración son los que ella encuentra más útiles. Normalmente incluyen inhalaciones hondas por la nariz y exhalaciones largas por la boca.

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En mayo, a Oliver le diagnosticaron pleuresía, una inflamación en el tejido pulmonar. Al mismo tiempo que empezó el campamento, su neumólogo le había prescrito esteroides, algo que ella consideraba "muy raro". El programa de Greenspan le ha hecho sentir que puede controlar sus síntomas sin esa medicación, explica.

Mucha actividad puede llevar a los pacientes al límite

Oliver compara sus síntomas persistentes a una montaña rusa. Su salud es difícil de predecir, dice, y es complicado saber qué actividades pueden empeorar su enfermedad.

"Una de las cosas sobre la COVID es que no es ordenada", dice Greenspan. "Es totalmente caótica. No hay ningún ritmo o razón".

Esto podría deberse a una respuesta inflamatoria y agresiva al virus, que puede perjudicar el sistema nervioso, el cual es el encargado de regular la presión sanguínea, el ritmo cardíaco y la temperatura corporal. Esto explicaría por qué algunos pacientes sienten mareos o taquicardias después caminar por una sala o sentarse, simplemente. Respirar es la forma de ayudar al sistema nervioso a mejorar, incide el fisioterapeuta.

"Vas a curarte al mismo tiempo que tu sistema más lento, y desafortunadamente, el neurológico es uno de los que más tarda", explica Greenspan. "Hasta que la inflamación no se va, podrías no apreciar ningún cambio".

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Al igual que los pacientes con fatiga crónica, muchos enfermos de COVID-19 dicen que sus síntomas empeoran después de hacer ejercicio.

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"Tienes que ir muy lento con pacientes de COVID porque a veces se pueden encontrar perfectamente durante el tratamiento o durante la actividad, pero un paso más puede llevarlos al límite. Si esto pasa, pueden estar noqueados una semana entera o empeorar", cuenta Greenspan.

Él anima a los pacientes a ir más lento de lo que piensan que es necesario. El objetivo final es ayudarles a controlar su recuperación y, con el tiempo, hacer sus actividades normales.

"Es como si estuvieses de repente en una sala muy oscura", dice Greenspan. "Hasta que no te acostumbras a esa oscuridad, te mueves muy lentamente, das pasos cortos y lentos. Llegará el momento en el que tengas la suficiente confianza para moverte más rápido".

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