Por qué la protección de la vacuna del COVID-19 no dura para toda la vida

Un chico recibe una vacuna contra el COVID-19.

REUTERS/Rachel Wisniewski

  • La protección que ofrecen las vacunas desarrolladas contra el COVID-19 parecen disminuir significativamente a los 8 meses de la pauta completa.
  • Aunque la respuesta inmunológica completa del organismo podría responder con éxito a la infección incluso un año después. 
  • Varios expertos explican por qué las vacunas del coronavirus no protegen durante años o para toda la vida como lo hacen otras candidatas. 
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La respuesta inmunitaria que estimulan las vacunas desarrolladas contra el nuevo coronavirus parece reducirse significativamente con el tiempo, según varios estudios y los reportes de las propias farmacéuticas.

Los datos de Israel sugieren que la vacuna de Pfizer y BioNTech pierde eficacia a los 8 meses de su administración, de acuerdo con el director de I+D de Pfizer, Mikael Dolste. 

En esta misma línea, en la última presentación de resultados de Moderna, el presidente de la biotecnológica, Stephen Hoge, insinuó que una tercera dosis sería necesaria este mismo otoño.

E incluso para la única vacuna monodosis autorizada contra el COVID-19, la candidata de Janssen, se estudia una segunda inyección que parece aumentar la eficacia al 94% a los 2 meses de la primera —un intervalo mayor al que hay entre las dosis de las vacunas de ARN mensajero, cerca de un mes—.

De hecho, Pfizer y Moderna buscan la autorización de una tercera inyección y estudian nuevas versiones orientadas a las variantes, otros regímenes de dosificación y vacunas polivalentes

Cuánto dura la inmunidad de la vacuna al coronavirus de Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Janssen

Pero estas dosis de refuerzo siguen sin el respaldo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los reguladores norteamericanos y europeos —como la Agencia Europea del Medicamento (EMA)– o los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC). Sobre todo, porque no hay evidencia científica concluyente.

"No sabemos si la vacuna del coronavirus dura más o menos. Otras evidencias sugieren que llega al año e incluso más del año. No hemos tenido más tiempo para comprobarlo", aclara en una llamada con Business Insider España Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI). 

¿Por qué entonces parece que la protección de la vacuna del coronavirus dura mucho menos tiempo cuando otras candidatas protegen incluso para toda la vida?

Las inyecciones contra el sarampión, por ejemplo, parecen proteger para siempre. Otras, como las candidatas contra el tétano o el virus del papiloma humano (VPH), lo hacen hasta al menos 10 años...

Esto, según explica Rustom Antia, profesor de biología en la Universidad de Emory (Georgia, Estados Unidos) a The Wall Street Journal, va ligado a los niveles de defensa que es capaz de proporcionar una vacuna —cuyo principal objetivo es replicar la protección que surge tras una infección natural, pero sin mayores riesgos—. 

"Una vacuna realmente buena hace que alguien no se infecte incluso si está expuesto al virus. Pero no todas las vacunas son ideales", describe al medio. 

Además, influye el tipo de vacuna, la presencia de adyuvantes y los regímenes de dosificación, de acuerdo con el inmunólogo. 

"En otras vacunas se dan varias dosis, sobre todo en los niños, porque tienen una respuesta inmunitaria distinta a la de los mayores. Entonces, se administran dosis distintas para generar memoria. A veces para toda la vida y si no para muchos años", explica López Hoyos. 

Se desconoce el umbral de protección de inmunidad suficiente contra el COVID-19

Una mujer recibe una dosis de la vacuna contra el COVID-19.

REUTERS/ Sumaya Hisham

Las vacunas pueden proteger contra la infección y la transmisión, contra enfermedades graves y la propagación o únicamente contra casos severos de la enfermedad que el patógeno provoca. 

En el caso de las vacunas desarrolladas contra el COVID-19, los inmunizados están protegidos frente a las peores formas del COVID-19 —incluso contra las nuevas variantes—

Y, aunque no se evita la propagación del virus, sí que se reducen las probabilidades de contagiar a otros tras infectarse con el SARS-CoV-2. 

La eficacia de la vacuna, en palabras de Antia, depende entonces de la respuesta inmune que es capaz de impulsar, de cuán rápido descienden los niveles de anticuerpos, la capacidad del virus para replicarse y la ubicación de la infección. 

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Muchas de estas incógnitas sobre las vacunas del coronavirus y sobre el SARS-CoV-2 siguen sin respuesta. Esto dificulta dar con el umbral de protección —niveles de anticuerpos o anticuerpos neutralizantes por mililitro de sangre— de inmunidad suficiente para evitar enfermarse con el COVID-19.

En el caso de la vacuna del sarampión, que parece la más exitosa que se ha desarrollado hasta la fecha, el umbral se descubrió gracias a un estudiante expuesto a la enfermedad poco después de una campaña de donación de sangre, según cuenta en The Wall Street Journal Jo Craven McGinty. Las concentraciones eran de 0,02 unidades internacionales por mililitro.

Mientras que para el tétano, por ejemplo, que la protección dura alrededor de 10 años, se estableció que 0,01 unidades internacionales por mililitro eran suficientes para evitar la infección. 

Cuenta Mark Slifka, profesor de la Universidad de Ciencias y Salud de Oregon (EEUU), al mismo medio, que un par de investigadores alemanes se expusieron intencionalmente a la toxina para probar los hallazgos de estudios previos en animales. 

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"Somos afortunados con el tétanos, la difteria y el sarampión", dice. 

"Hemos identificado cuál es el umbral de protección. Se realiza un seguimiento de la disminución de anticuerpos a lo largo del tiempo y, si se conoce el umbral, se puede calcular la durabilidad de la protección. Con el COVID, no lo sabemos", recalca. 

Además, los anticuerpos que aparecen tras estas enfermedades diminuyen lentamente, lo que favorece la protección a más largo plazo. Pero para el SARS-CoV-2 se estima que los anticuerpos empiecen a disminuir significativamente a los 4 meses de su aparición

Las vacunas más eficaces han utilizado virus replicantes o se apoyan en adyuvantes para mejorar la eficacia: las del nuevo coronavirus no cumplen ninguna de estas condiciones

Vial de la vacuna de Pfizer.

REUTERS/Edgar Su

A estos hallazgos se suma que ninguna de las vacunas autorizadas contra el nuevo coronavirus están basadas en virus replicantes —como las del sarampión o la varicela, que históricamente han ofrecido una mejor eficacia, según The Wall Street Journal—.

Pfizer y Moderna utilizan la tecnología de ARN mensajero, con la que imitan una proteína del patógeno para estimular el sistema inmunológico. 

Mientras AstraZeneca y Janssen usan adenovirus no replicantes. 

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Tampoco incluyen adyuvantes, que mejoran la magnitud de la respuesta inmunitaria y, por consiguiente, la protección a largo plazo. 

"Las vacunas suelen llevar adyuvantes, que son unas sustancias que ayudan a que la respuesta a la vacuna sea más potente. Habitualmente, sobre todo en las vacunas de niños, son sales de aluminio", ejemplifica López Hoyos en una llamada con Business Insider España.

"Las vacunas del COVID no llevan adyuvantes. Pero en las de ARN mensajero se dice que el mismo ARNm funciona como una especie de adyuvante al estimular un receptor que se llama Toll-like receptors (TLRs)", especifica el experto. 

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Además, otros actores podrían influir en la duración de la protección de la vacuna, como las células T o B. 

Este tipo de células inmunológicas luchan contra los patógenos que invaden el organismo: las células T buscan y destruyen células infectadas, mientras las células B liberan anticuerpos a la sangre. 

"La expectativa es que las personas puedan producir una respuesta rápida de anticuerpos y resistir la infección en un gran número de casos", explicaba a The Guardian Michel Nussenzweig, director de inmunología molecular de Rockerfeller y autor principal de un estudio relacionado de la misma universidad

De facto, según una investigación publicada en Nature, aquellos que superan una infección con el SARS-coV-2 producen un tipo de células inmunes (las células B) que son capaces de fabricar anticuerpos contra el nuevo coronavirus durante toda la vida

La capacidad del coronavirus para mutar y escapar a la respuesta inmunitaria aumenta la dificultad para establecer un umbral de protección suficiente

Vacunan a un hombre con la candidata de Pfizer y BioNTech.

REUTERS/Henry Nicholls

Los patógenos anteriormente mencionados, como el que provoca el sarampión o la varicela, apenas han mutado a lo largo de la historia. 

"El sarampión es un virus mucho más estable que el SARS-CoV-2; no muta mucho. También suele provocar una fuerte respuesta inmunitaria, por lo que la inmunidad tiende a durar mucho tiempo, ya sea por infección o por vacunas", cuenta a The Conversation Luke O'Neill, inmunólogo de la Facultad de Bioquímica e Inmunología del Trinity College de Dublín.  

Sin embargo, una de las cosas que más se temen de la propagación descontrolada del SARS-CoV-2 es la aparición de una variante que invalide las vacunas actualmente disponibles

"Estas vacunas funcionan muy bien a la hora de protegernos de enfermedades graves y de la muerte, pero la gran preocupación es que la próxima variante que pueda surgir —a sólo unas pocas mutaciones de distancia— podría evadir nuestras vacunas", advierte la directora de los CDC, Rochelle Walensky. 

De ahí que las farmacéuticas estudien la efectividad y la seguridad de una tercera dosis de las candidatas, posibles refuerzos anuales —como los que se administran contra la gripe cada año—, inyecciones orientadas a nuevas variantes e incluso opciones polivalentes

"Estás persiguiendo múltiples objetivos a lo largo del tiempo. La gripe también muta. Con la gripe, nos hemos acostumbrado a hacer una nueva vacuna cada año que se asemeje lo máximo posible a la nueva cepa", explica Slifka a The Wall Street Journal.

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"En principio, parece que se establecerán periodos anuales de vacunación si bien los datos garantizan un mínimo de 4 a 6 meses de protección tras la segunda dosis", ejemplifica a Business Insider España Óscar Mesa Del Castillo, CEO de QualitecFarma, una empresa de servicios de consultoría de valor agregado para la industria farmacéutica y biosanitaria.

"No obstante al margen de la virulencia o letalidad de este virus, la gestión de la enfermedad en cuanto a protección y vacunas es probable que siga pautas similares a la vacunación de gripe común", describe Mesa, quien reconoce que aún no hay datos concluyentes sobre ello. 

López Hoyos insiste en que otras evidencias también han demostrado que la protección de las vacunas puede durar más de lo que se piensa. Además, añade, van a venir otras soluciones de vacunas que generarán respuestas más potentes —una de ellas podría venir de la mano de un laboratorio español—.

O'Neill también defiende que la naturaleza repetitiva de la superficie del SARS-CoV-2 —lo que se conoce como la proteína pico— podría ayudar a desarrollar respuestas más duraderas. 

"Si la proteína de pico muta y los anticuerpos no pueden unirse también, vale la pena dar una inyección de refuerzo contra la nueva proteína pico, que es lo que está planeado. Y si los anticuerpos no funcionan tan bien contra las variantes, las células T podrían hacerlo", apunta. 

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