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6 meses del estado de alarma: así ha evolucionado el coronavirus en España y esto es todo lo que sabemos de él hasta ahora

Brote de coronavirus en Madrid.
REUTERS/Juan Medina

  • Este lunes se cumplen 6 meses desde que se decretó el estado de alarma en España, cambiando radicalmente la vida de toda la población con una velocidad pasmosa.
  • Desde la llegada de los primeros ecos de vacunas hasta la evolución de la curva de contagios, pasando por lo que sabemos del virus, el progreso que se ha dado en este medio año ha superado todas las expectativas.
  • En el plano económico se han sucedido ajustes temporales de empleo, paralizaciones de la actividad, cierres de empresas y nuevas culturas del trabajo. Incluso ha habido algunos —pocos— que han salido de la crisis más ricos de lo que entraron.
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Probablemente casi nadie recordará lo que pasó el 30 de diciembre de 2019. Los periódicos nacionales se hacían eco del que sería el primer Gobierno de coalición de la democracia española, de una matanza de inocentes en una pequeña parroquia de Texas y de la venta de varios buques militares a Marruecos. Pocos se imaginaban que todas esas noticias tenían una fecha de caducidad muy próxima. 

El 31 de diciembre, una "neumonía de causas desconocidas", según la catalogó el Gobierno chino, hacía su aparición en la ciudad de Wuhan, una urbe de 11 millones de habitantes situada en el sureste del país. Llegaba así, por primera vez a nuestras vidas, la enfermedad del COVID-19 y, con ella, el susodicho coronavirus, como se bautizó al virus que lo cambió todo

Este lunes se cumplen 6 meses desde que se implantó el estado de alarma, la gran medida del Gobierno para combatirlo. 

En el último medio año, España —y el mundo entero en general— parece un lugar completamente distinto del que era en 2019 y términos que antes podían parecer extraños (la curva, los ERTE, el estado de alarma...) ya forman parte de esta nueva normalidad. Con tantos cambios sucedidos en tan poco tiempo, cabe volver la vista atrás a cómo un virus descubierto en un mercado de China ha puesto de vuelta y media el mundo tal como lo conocíamos.

Evolución de la curva

Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias del Ministerio de Sanidad
Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias del Ministerio de Sanidad.

REUTERS/Juan Medina

Esta expresión —la curva— se ha convertido, en la jerga epidemiológica, en una de las más utilizadas durante la crisis del COVID-19 para hacer referencia a los cambios constantes en contagios, muertes y recuperaciones diarias. A ojos de una gráfica, los valores evolucionan formando, precisamente, una curva ascendente o descendente, dependiendo de si aumentan o disminuyen. A partir de ahí, el objetivo también ha desarrollado su propia locución: aplanar la curva.

En estos momentos, España ya pasó su propio pico de la curva, al menos el de la primera ola, aunque los datos recientes apuntan un nuevo techo de contagios de cara a finales de año. En lo que respecta a la evolución de un tiempo a esta parte, la curva parece más bien una montaña rusa.

El 31 de enero se diagnosticó el primer paciente con coronavirus en España, un turista alemán ingresado en La Gomera que se había infectado en su país. Con el paso del tiempo, toda Europa empezó a alarmarse con la llegada de una nueva pandemia y, con el miedo, llegaron los estados de alarma. España fue uno de los primeros en decretarlo, el 14 de marzo, con ya 2.000 casos y 152 muertes a causa del virus.

Desde entonces, la curva siguió aumentando, tanto en enfermos como en fallecidos, pero dando saltos dispares —unas veces se encontraban 2.000 nuevos enfermos al día; otras, poco menos de 100— debido a la falta de rastreadores, tests y experiencia a la hora de localizar los focos de contagio. El primer gran pico de nuevas infecciones diarias se produce el 26 del mismo mes, mientras que el de decesos tarda una semana en llegar.

Con el estado de alarma, las cifras comienzan a aplanarse, pero la llegada del verano devuelve la preocupación general por el incremento de nuevos casos derivados del movimiento de personas y la dejadez en las medidas de seguridad. Estos son los datos por comunidades desde la llegada de la nueva normalidad:

A día de hoy, los casos de coronavirus en España siguen incrementándose sin freno y las autoridades han detectado ya 554.143 contagios, más que entonces, bien es cierto que las labores de rastreo han mejorado considerablemente en este medio año de pandemia. El Ministerio de Sanidad notificó 10.764 casos el jueves —sin contar Navarra y Ceuta— de los que 4.137 han sido diagnosticados en las últimas 24 horas. Además, las autoridades suman 71 nuevas muertes, lo que deja el total desde el inicio de la pandemia en 29.699, con 249 decesos en la última semana.

La curva epidemiológica del coronavirus se mantiene al alza desde mediados de julio, con un incremento constante repartido de forma desigual por el país. Sin embargo, el repunte de contagios se ha estabilizado "en la mitad de las provincias" españolas, dice Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, con algunas zonas incluso en descenso. 

El balance diario indica que 5.964 pacientes desarrollaron síntomas en los últimos 7 días, 561 más que los contabilizados el mismo día de la semana pasada. Este indicador —el más fiable para las autoridades sanitarias en este momento de la pandemia— muestra un incremento constante desde mediados de junio, cuando se registraban menos de 200 casos, y augura un repunte generalizado que podría durar varios meses más. 

Síntomas e investigación científica

Laboratorio de Linqi Zhang en la investigación de nuevos anticuerpos contra la enfermedad del coronavirus (COVID-19).
REUTERS/Thomas Peter

Antes de saber nada de vacunas, planes anti-contagio y medidas de seguridad, lo único a lo que las autoridades sanitarias podían agarrarse eran los síntomas del coronavirus. Por entonces, estos eran la única manera de identificar a los enfermos de COVID-19, sin rastreos masivos, rastreadores ni test suficientes para encontrar contagiados.

Antes de que llegaran las pruebas de detección, todo se basaba en encontrar pacientes con fiebre y problemas respiratorios, pero si algo ha sido verdaderamente representativo de esta pandemia es la grandísima variedad de síntomas encontrados, además de los asintomáticos. La mayor duda, allá por el mes de marzo, surgía de no saber a simple vista diferenciar el COVID-19 de una gripe, claro que los laboratorios y hospitales ya estaban manos a la obra.

El primer síntoma propio y específico en salir a la luz fue la ya conocida anosmia —o pérdida del olfato— y la disgeusia —del gusto—. Aunque son señales que podían delatar una alergia o un resfriado, estas dos dolencias supusieron a la entrada de abril uno de los primeros indicios de que el paciente estaba pasando o acababa de padecer el coronavirus, sacándolos del grupo de los asintomáticos, uno de los que más problemas genera a la hora de monitorizar la propagación de la pandemia.

Incluso una vez vencida la enfermedad, se sufran o no sus consecuencias, se descubrió que el virus deja unas secuelas coronarias y neuronales que pueden a llegar a ser bastante graves y de ahí salieron los diversos trastornos neurológicos, avisaba ya un manual elaborado por la Sociedad Española de Neurología en abril. El informe, elaborado para uso profesional, recuerda que tanto la epidemia del SARS (2002) como del MERS (2012) llevaron asociados algunos trastornos del sistema nervioso central y periférico

Leer más: Todo lo que se sabe sobre los trastornos neurológicos relacionados con el coronavirus

Ahora, medio año después de que se decretase el estado de alarma y a casi un año de que se informara de los primeros casos de coronavirus en China, empiezan a surgir los estudios científicos que detallan que los pacientes de coronavirus pueden llegar a padecer desde episodios de confusión hasta delirios, lo cual, lejos de centrarse en el ámbito académico, ayuda a los hospitales a tratar a sus enfermos y prepararse para su cuidado futuro. En concreto, en España más de la mitad de los pacientes ingresados por coronavirus han desarrollado trastornos neurológicos, que no se sabe todavía cuánto durarán ni los efectos que pueden tener a largo plazo.

Lo que no sabían es que esto era sólo la punta del iceberg. 

El coronavirus no es solo una infección respiratoria. Algunos de los síntomas más peligrosos y de los que menos se sabe, desde derrames cerebrales hasta embolias pulmonares y "dedos de los pies COVID", se han relacionado con una coagulación sanguínea excesiva, por lo general en piernas o brazos, pero también en los pulmones, el corazón o el cerebro. En los casos más graves, los coágulos pueden ser mortales y provocar accidentes cerebrovasculares, ataques cardíacos o embolias pulmonares

Y si esto ya parecía inexplicable, la guinda la pusieron los alarmantes síntomas que afectaban a los niños, quienes en un principio parecían prácticamente invulnerables a la enfermedad. A mediados de abril, médicos de Reino Unido comenzaron a enviar una "alerta urgente" sobre "un aparente aumento en el número de niños de todas las edades que presentan un estado de inflamación multiorgánica necesitando cuidados intensivos", según una publicación del Health Service Journal (HSJ, por sus siglas en inglés).

La alerta, todavía misteriosa, advertía de que "está aumentando la preocupación de que un síndrome inflamatario relacionado con el COVID-19 que está apareciendo entre los niños o que puede deberse a otro patógeno infeccioso, todavía sin identificar, que estaría relacionado con estos casos". Dentro de los síntomas se incluían un "síndrome tóxico y la atípica enfermedad de Kawasaki, así como "dolor abdominal y síntomas gastrointestinales", aumentando la alarma en los centros educativos —sobre todo con la vuelta al cole— y con las medidas destinadas a proteger a los jóvenes.

Avances en las vacunas

Un científico del Instituto Gamaleya muestra un vial con la vacuna rusa contra el coronavirus.
Reuters

Aunque el estado de alarma no llegó a España hasta mediados de marzo, la carrera por las vacunas contra el coronavirus ya había empezado mucho antes. Aunque ahora lo normal sea encontrarse con dosis ya pulidas o procesos que abordan su fase 3 con grandes volúmenes de voluntarios, lo cierto es que todo empezó con varias farmacéuticas y biotecnológicas que, a fin de cuentas, no sabían lo que estaban buscando.

En un principio, el CSIC y un consorcio de centros catalanes formaron los primeros equipos que se lanzaron a desarrollar una vacuna o un fármaco, así como para un remedio que permitiese mejorar los tratamientos, pero en el extranjero ya estaban tomando la delantera. Hasta ahora, solo el remdesivir, un fármaco originalmente aprobado para tratar la malaria, ha demostrado ser eficaz contra el COVID-19, autorizádose para su comercialización el pasado mes de junio. Pero volvamos al principio. 

A finales de febrero, una pequeña biotecnológica de Massachusetts anunció que enviaba los primeros lotes de una vacuna experimental contra el coronavirus para iniciar los ensayos clínicos en humanos. Desde que se publicó la secuencia del genoma del coronavirus (antes del estado de alarma), Moderna trabajó sin descanso para fabricar una vacuna basada en ARN mensajero y adelantó a las grandes farmacéuticas en la carrera por lograr un tratamiento viable. A día de hoy, sigue siendo de las más adelantadas y de las pocas que podrían estar listas antes de final de año.

Leer más: De AstraZeneca a Moderna: todos los detalles de las vacunas contra el coronavirus que llegarán a España y Europa

A su estela se unieron muchas otras con mayor o menor acierto, desde la alemana CureVac, que trabaja desde 2011 en el desarrollo de vacunas con ARN mensajero, hasta AstraZeneca, la farmacéutica encargada de la vacuna de Oxford cuyos últimos ensayos desembocaron en una extraña enfermedad. La carrera está muy avanzada, mucho más de lo que se esperaba cuando comenzaron los primeros acercamientos en enero y, si al final se consigue un producto antes de 2021, sería un hecho histórico.

De momento, las únicas que optan a esta realidad son las alternativas de Oxford, BioNtech, Pfizer, Moderna, así como las vacunas china y rusa. No obstante, estas dos últimas es probable que no lleguen a nuestros mercados debido a sus procesos de desarrollo, todavía por aprobar en la UE, en pro de otra veintena de versiones que todavía se encuentran en periodo de experimentación. La falta de transparencia de algunos proyectos —especialmente del ruso, pero también de los chinos— genera una desconfianza científica insalvable para Occidente, y las cuestiones geopolíticas acaban por marcar las diferentes estrategias de a quién se le compra o no su vacuna.

En lo que respecta a España, el Gobierno reservó sus primeras 30 millones de dosis al laboratorio británico AstraZeneca tras adherirse a la compra centralizada de la Comisión Europea (CE), formalizada el 14 de agosto para agilizar el desarrollo, la fabricación y el despliegue de vacunas eficaces y seguras contra el COVID-19.

El plano económico

Una mujer con mascarilla pasa ante la sede del Banco de España en Madrid
Reuters

Referirse en abstracto a la crisis del COVID no hace alusión únicamente a la sanitaria, sino al fuerte impacto económico que el virus ha provocado en todo el mundo.

Ya antes de la pandemia, los tambores de la crisis sonaban con fuerza por esa extraña enfermedad que se estaba formando en el centro de China, frente geopolítico de la guerra comercial contra Estados Unidos. A la primera ralentización económica le siguió la cancelación del Mobile World Congress en Barcelona, los Juegos OIímpicos de Japón y multitud de macroeventos programados para el año. La recesión estaba servida en bandeja y no hay nada que afecte más a los mercados que el miedo. 

En España, las primeras consecuencias fueron la subida del paro, la paralización de la actividad económica por el confinamiento y el desplome de la bolsa, un cóctel que hizo que proliferase una palabra que parecía guardada en un cajón: ERTE.

Los ajustes temporales de empleo supusieron en marzo la primera gran consecuencia de la pandemia, fruto de una cultura laboral nada asentada en el teletrabajo, un tejido copado por las pymes y una economía caracterizada por su falta de liquidez. Pero el meteorito de la crisis, aunque generalizado en la economía española, golpeó con más fuerza a unos sectores que a otros.

El primero en notarlo fue el turismo y, casi al tiempo, el transporte. Durante meses, se vivió una situación de parón con pocos o ningún visitante extranjero, vetos mediante, y la consiguiente paralización de uno de los sectores económicos más estructurales del país. Como daño colateral y sumado al miedo de abandonar el hogar, el impacto afectó principalmente a las aerolíneas, actualmente al borde del precipicio, con gigantes como Air Europa pidiendo oxígeno y reclamando rescates al Gobierno. Los más optimistas no predicen la recuperación antes de 2024.

Elon Musk, CEO de Tesla y Space X.
Elon Musk, CEO de Tesla y Space X. Steve Nesius

Reuters

Claro que de las crisis siempre surgen ganadores. Pocos, eso sí. Algunos privilegiados dueños de grandes empresas tecnológicas han visto en el coronavirus la oportunidad de escalar todavía más en el ránking de multimillonarios, con los casos de Jeff Bezos (Amazon), Elon Musk (Tesla) y Mark Zuckerberg (Facebook) a la cabezaRecién llegados como Zoom, que salió de la nada para reconvertirse en una de las referencias internacionales para las videollamadas, fueron un salvavidas en el ámbito del teletrabajo o del contacto diario con familiares y amigos.

Otros multimillonarios no tuvieron tanta suerte como los anteriores. Amancio Ortega, dueño de Inditex, llegó a perder por ejemplo más de 21.000 millones de euros en apenas dos meses.

Para el común de los mortales, la situación es más parecida a este último, con la extensión de los ERTE y la rebaja sueldos, los rumores de congelación salarial en el horizonte para los funcionarios, las pequeñas empresas asediadas por la falta de actividad y bancos como CaixaBank y Bankia obligados a entenderse y negociar una fusión para no caer en bancarrota. Sin embargo, el Gobierno es optimista y la vicepresidenta de Economía, Nadia Calviño, mantiene sus previsiones de que la recuperación económica de España se dará en forma de "V asimétrica", con especial crecimiento a partir del tercer trimestre de 2021. 

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